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Para Wikipedia, la gravedad es como una fuerza que genera una sensación de peso hacia algo. Es una atracción que, si estamos situados en las proximidades de un planeta, experimentamos una aceleración dirigida hacia la zona central de dicho lugar.
Aunque todos vivimos regidos por esta ley de la gravedad, pareciera que nuestra existencia fuera una constante lucha contra ella.
Estamos sometidos todos por esta ley física que nos empuja hacia abajo, pero paradójicamente nuestras vidas desde que nacemos son movidas por una lucha constante por ir hacia arriba.
Desde que llegamos a este mundo empezamos a crecer, de bebés pasamos a niños, luego a jóvenes y a adultos, siempre con el sueño de ir hacia arriba, de ser cada vez más altos. Pero también queremos crecer espiritualmente, intelectualmente, profesional y económicamente.
Nuestros deseos apuntan hacia arriba y la misma sociedad nos juzga y nos compara por ver quien ha subido más, como una medición del éxito.
Mientras una ley universal nos empuja hacia abajo, nuestra ley humana nos dispara hacia arriba, convirtiéndose en una lucha diaria contra la gravedad.
Pero lo más sorprendente radica en que sabemos que por más arriba que lleguemos, siempre alcanzaremos un punto donde se iniciará el descenso.
Nos empezamos a encoger, a ser más frágiles y pequeños, movidos por un flujo que de manera irreversible nos conduce hacia la tierra, hasta terminar debajo de ella. Todos estamos sometidos y vencidos por la ley de la gravedad.
Y cuando llegan los hijos, los preparamos de la mejor manera posible, con amor, con educación, con ejemplo y mentoría para que en su lucha contra la gravedad puedan llegar un poco más lejos de lo que nosotros pudimos, para así sentirnos felices y orgullosos.
Luchar contra la gravedad es una guerra perdida, pero todas sus batallas están por ganarse y son ellas las que nos llenan de vida, nos realizan como personas, nos motivan a crear con pasión, nos inspiran a nunca darnos por vencidos, a ser valientes y a seguir hacia adelante.
Alguna vez leí que los peces se sienten vivos cuando se mueven contra la corriente y muertos cuando fluyen con ella.