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Los cuatro instrumentos de Saluzzi

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El espectro musical de Dino Saluzzi es tan generoso como el bandoneón en su versión ampliada.

Por tratarse de un instrumento de fuelle y de lengüetas libres, los sonidos se disputan la posibilidad de conquistar el mundo cuando el artista argentino lo abre y lo cierra con la destreza de un ilusionista. La magia hace efecto desde el primer golpe de vista, se trata de un quinteto en el que cuatro de los cinco integrantes son de apellido Saluzzi, pero lo que más llama la atención es que casi sin esfuerzo el colectivo logra copar el escenario del Centro de Convenciones Cartagena de Indias. La percusión respalda, el bajo estructura, el saxofón y el clarinete hablan sin gritar y la guitarra hace su despliegue estético mientras el bandoneón, simplemente, brilla.

Lo que ofreció Dino Saluzzi en el Cartagena Festival Internacional de Música no fue un concierto, sino una experiencia. Él, en lugar de sumarse a la gran ola del ‘Mare Nostrum’ y seguir navegando en las aguas del Mediterráneo, propuso un periplo singular en el que incluyó visitas sutiles a regiones determinadas de América Latina. En el momento menos pensado arribaba a territorios continentales y con la misma sorpresa con la que llegaba volvía a tomar vuelo, sin que su tripulación tuviera nociones de su destino. Fue un comandante en pleno uso de sus facultades y las piezas que seleccionó para su debut en Colombia fueron una muestra selecta del trabajo abordado por este artista, que en 2015 cumple 80 años.

La sutileza fue el común denominador de esta aproximación a la parafernalia sonora de Dino Saluzzi. El tango, la milonga, el folclore de Salta, su provincia natal, y muchos otros aires tradicionales de América Latina fueron asimilados por el quinteto y traducidos a su lenguaje. El bandoneonista, tal y como afirmó durante su presentación en la ‘Serie del Nuevo Mundo’, no vino a Colombia a demostrar su virtuosismo, ni tampoco está en las artes con el propósito de convertirse en una leyenda de la música de su país. Vino a compartir lo que para él es un oficio en familia, porque sobre el escenario también están su hermano y su hijo. Las pretensiones no tienen lugar dentro de su forma de entender su labor. A Saluzzi la música lo rebasa y él simplemente deja que el bandoneón, ese instrumento que vale por cuatro, sea el protagonista. No necesita nada más.

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