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Sonido múltiple

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Las sospechas nunca fueron infundadas.

Cuando quedaron atrás La magia de Mozart y La gloria de Bach, y el Cartagena Festival Internacional de Música comenzó a enfilar sus fuerzas para descifrar ‘El sonido de las Américas’, todo apuntaba a que, más bien, debería hablarse de ‘Los sonidos’, en plural, porque muy poca conexión podía existir entre las manifestaciones tradicionales de una región como Quebec, Canadá, con el folclor llanero que caracteriza a las extensas llanuras de Venezuela y Colombia. La utilización del singular debía estar restringida para el continente que, hablando geográficamente, es uno solo dividido en tres para segmentar un poco el globo.

Al son de la verdad, hay que decir que el continente también puede hacer referencia a varias regiones, estaciones, sabores y melodías, y que es más que oportuno el empleo de la letra ‘s’ al finalizar la expresión.

Durante el festival, que tiene ahora seis ediciones encima, ha quedado demostrado el carácter múltiple de las expresiones artísticas de esta parte del mundo. No era fácil jugársela por un estilo naciente y nombrar como eje temático a América, citando sólo de vez en cuando a los más de 500 años de historia musical que tiene Europa con sus grandes clásicos de siempre. Por supuesto Mozart, Bach, Beethoven y Hydn han hecho parte de este evento, pero el peso ha estado sobre los hombros de los jóvenes americanos.

Heitor Villa-Lobos (1887–1959) ha sido todo un descubrimiento para el público en general. Algunas de sus piezas han marcado la pauta por su exigencia para los intérpretes de academia y muchos de ellos ni siquiera conocían de su existencia. Las Bachianas Brasileras han impactado, sobre todo un arreglo especial del director artístico del festival, StephenPrutsman, para ocho cellos simultáneos. De igual manera, Las cuatro estaciones porteñas, de Astor Piazzolla, en versión de la violinista canadiense Lara St. John, suscitó los mejores comentarios de la crítica por su riesgo al mezclar los acordes del rebelde del tango con Las cuatro estaciones, de Vivaldi.

Estrenos en América Latina como Allaqi’, creación original, de Marcus Goddard, y Cuarteto de cuerdas, de John Adams, ambas en versiones del siempre destacado Cuarteto de Cuerdas Saint Lawrence, permiten pensar que el espectro de la música en este continente está todavía en pleno proceso de exploración y que hay material suficiente para hacer más festivales que le rindan homenaje a América, que en singular o en plural, suena a multiplicidad.

Juan Carlos Piedrahíta.

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