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Budapest es una ciudad muy particular. Dividida por el Danubio, este lugar que son dos, parece estancado en el tiempo. Sus gentes son taciturnas, pero amables. Sus baños termales, como el Gellert, sumen al paseante en un estado soporífero.
En esa ciudad ocurre esta novela breve, escrita por Péter Hanójczy (Budapest, 1942-Baltonfüred, 1981), un tipo que hizo de su alcoholismo una manera de gritarle su incomodidad al mundo. Publicada en 1979, es la prueba de que por banales que sean las circunstancias de una narración, lo importante está hundido más allá de lo que nos dice el propio relato. Se llama La muerte salió cabalgando de Persia , una pasmosa vivisección del alma de un hombre atrapado en las alucinaciones etílicas y su angustia por querer abandonarlas. Construida como un relato donde el tiempo no existe, el presente del personaje nos lo muestra el día en que ha decidido volver a beber para poder seguir escribiendo. “No bebería simplemente, sino que además trabajaría —mejor aún, tomaría el vino con sifón—, y aunque no escribiera textos para la eternidad, estando achispado sería capaz de anotar algunas escenas valiosas”.
En medio de esos temblores, en los cuales el personaje baja una y otra vez a la taberna de la esquina para procurarse más vino, el relato se hunde en el pasado para contarnos cómo su vida ha estado cruzada por la ansiedad producida por la angustia del porvenir —tener una existencia media, mujer, hijos, futuro— y la vocación. El encuentro con Krisztyna, una mujer que lo ama, pero con la condición de que se aconducte, se mezcla con las reflexiones sobre lo que esperan los otros de él. Ese discurso, escrito con una prosa potente, casi abrasiva, va sumiendo al lector en una suerte de trance en el que la conmoción ocurre párrafo tras párrafo. Hanóczy fue un escritor capaz de gritar hacia dentro, de comunicarnos la rabia y la desazón como si estuviera describiendo sólo un paisaje. “Confiaba secretamente en que él no terminaría muriéndose por intoxicación de alcohol, enloquecido o suicidándose, y en que quería ser tal vez él quien se salvara gracias a un capricho del destino, y que su misión sería vivir y escribir, narrar y relatar sus visiones en un tono seco y sordo de culpa, siempre manteniéndose a cierta distancia de aquellas visiones que constituían su propiedad exclusiva y de las que daría testimonio”. Y vaya si lo consiguió.
‘La muerte salió cabalgando de Persia’, Péter Hánoczy, Acantilado. ojoalahoj@yahoo.com.