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Esta novela sorprende desde la primera página por su tono decididamente popular, sin ser caricaturesco.
Y luego, no bien se avanza, produce un extrañamiento cuando uno recorre sus páginas como quien anda sobre una cuerda floja: ¿Logrará el autor sostener el ritmo trepidante? ¿Conseguirá mantener a flote un barco que se antoja de hondo calado? ¿Podrá convencernos de que cada una de las voces en primera persona corresponden a personajes diversos y no a la conciencia de alguien que mueve los hilos de la trama? ¿Hay una trama? Sergio Álvarez, autor de La lectora (RBA, 2001) y Mapaná (Alfaguara, 2006) ha escrito una novela ambiciosa, que para muchos es insoportablemente larga y para otros una apuesta por dar cuenta de una realidad apabullante. Se llama 35 muertos.
Comienza el 9 de junio de 1965, día en que es cercado y asesinado el guerrillero Efraín González en una casa del barrio San José, en el sur de Bogotá. Uno de los uniformados encomendado a la misión de acabar con el ‘bandolero’ que huía disfrazado de cura dominico hubiera sido el padre del narrador de la novela. Desolada por la muerte del policía, su prometida busca consuelo en brazos del propietario de una ferretería que la corteja desde hace unos años. El hombre, sin embargo, tampoco durará mucho en la novela: la pareja tendrá un único hijo; la madre morirá al momento de alumbrar, y el padre, desesperado, caerá en el alcohol, se endeudará y terminará muerto. Entonces nacerá el narrador de esta novela de 500 páginas por las cuales, como en una larga canción hecha de fragmentos, desfilan decenas de personajes que, desde el nacimiento de este ‘Buscón’ colombiano, no dejarán de morir o de ser sobrevivientes de las decenas de violencias que vivimos desde entonces.
Hay muchas cosas sobre las cuales se podría escribir para hablar de esta novela. Pero si nos detuviéramos en las peripecias de su narrador principal tendríamos que decir que como un diletante vivirá las violencias del campo primero, y de la ciudad después, en la cual conocerá de primera mano la violencia política; la callejera de los barrios duros de Bogotá; la política por cuenta de la guerrilla infiltrada en la Universidad Nacional; la de los narcotraficantes de los ochenta. A veces ese recurso es el que le quita fuerza a la novela: hacer pasar forzosamente a su personaje por todos los eventos terribles de los últimos cuarenta años. En todo caso, al leerla, me sentí complacido de que, como en los versos de las canciones con las cuales acompaña Álvarez cada uno de sus relatos, alguien se atreva a contar ese triste nubarrón que se alza en el cielo desde hace tanto tiempo.
‘35 muertos’, Sergio Álvarez, Alfaguara. ojoalahoj@yahoo.com.