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Hace treinta años murió en Ivry-sur-Seine uno de los grandes escritores de nuestro tiempo: Georges Perec.
Dueño de un mundo inquietante, sus libros parecen disecciones del alma de nuestros tiempos. La sociología, la historia, la filosofía y la ciencia son asuntos que no le son ajenos; los medios de producción, el consumo, las costumbres sociales, el arribismo y la burguesía son temas que en sus novelas aparecen de manera corriente, y que se ponen al servicio de la literatura.
Perec es quizás uno de esos escritores de culto dentro de los propios escritores. Autor de novelas imprescindibles como El secuestro o La vida: instrucciones de uso, fue considerado en su momento un renovador de un género puesto en cuestión desde los tempranos sesenta en Francia, como parte de un movimiento llamado OuLiPo (Ouvroir de Litterature Potentielle, algo así como Taller de Literatura Potencial), del que fueron parte sus dos conspicuos fundadores, Raymond Queneau y François Le Lionnais.
Hace unos días releí Las cosas: una historia de los años sesenta, la primera novela de Perec, publicada en 1965, cuando apenas tenía 29 años. Su publicación supuso un estremecimiento en una época en la cual se predicaba la muerte de la novela y el nacimiento del nouveau roman. Las cosas es una novela breve capaz de hacer, en tan solo unas cuantas páginas, una radiografía que espanta por su evidente visión del porvenir. Al terminarla caí abatido por cuenta de una prosa tan elocuente donde el discurso y la reflexión son los personajes.
Es la historia de una pareja de sociólogos de los años sesenta que ve cómo el sueño de ser distintos es sólo una pose de renovada ingenuidad a pesar del aire de los tiempos de cambio de la época. Los dos personajes de la novela son dos jóvenes cuyos ideales se tuercen por cuenta del materialismo, las falsas amistades y la terrible rutina del trabajo asalariado. Perec, haciendo uso de un recurso hasta ese entonces inusual en la literatura —un punto de vista narrado en condicional— nos muestra cómo las relaciones de pareja están condenadas a repetirse y a volverse entrópicas y desconcertantes cuando se cae en la terrible rutina.
Este 3 de marzo, cuando se cumplen treinta años de su muerte, más gente debería acercarse a un escritor poco conocido en nuestro país. Sus novelas están disponibles.
Las cosas: una historia de los años sesenta, Georges Perec, Anagrama.