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Philip Roth (Newark, 1933) ha cambiado el registro de las novelas con las que inauguró el siglo XXI.
Tras La conjura contra América, basada en una hipótesis histórica donde se suponía que los nazis salían triunfadores de la Segunda Guerra Mundial, ha escrito una serie de narraciones breves donde se muestra como el gran escritor que es sobre la psicología y la sexualidad masculina. La humillación, antecesora de la celebrada Némesis, publicada este año, salió al mercado en 2009 y en ella se encuentran, llevados al extremo, varios de los temas más abrumadores de un escritor que, como se ha dicho, es él mismo “una literatura”.
En La humillación Simon Axler, un actor que ha llegado a los setenta años, descubre que ha perdido la capacidad para interpretar, tras un estrepitoso fracaso en un montaje de Macbeth. Como si fuera una reescritura de la tragedia de Shakespeare sobre la traición y la ambición sin límites, Axler, a la par de aceptar su inutilidad como hombre de teatro, se divorcia de su mujer y se retira a una casa de campo. Solo, derrotado, cree que ha llegado el momento de suicidarse. Perdido en el recuerdo de su esplendor y fama, sucumbe a un estado depresivo que sólo aliviará la aparición de una mujer treinta años menor que él, hija de unos amigos de juventud. Pegeen es una lesbiana que ha decidido, de buenas a primeras, dejar en suspenso su sexualidad para probar con los hombres. Pronto Axler recupera la fe en la vida y los dos viven una portentosa temporada erótica que terminará, como es de suponer, en el infierno.
Lo más interesante de La humillación es que Roth, sabedor de que el libreto de una relación como la que plantea ya está escrito, nos hunde en las más profundas maquinaciones de un hombre llegando a la vejez tratando de abrazar el sueño de existir por amor. Las reflexiones de Axler oscilan entre lo más cándido y una brutal madurez para llevarnos a una serie de situaciones de manipulación y perversidad con Pegeen. Por amor, o por deslumbramiento con el cuerpo de la mujer y su vitalidad, Axler se convierte en un tipo de una generosidad excesiva, en un amante del sexo lésbico —con cierto placer castrador— y hasta en un frustrado padre: un hombre al borde de sus propias capacidades.
Como ocurre con novelas y libros anteriores como La mancha humana, El lamento de Portnoy, Pastoral americana y Patrimonio, entre muchos otros, la devastación de Axler nos recuerda que Roth es un escritor muy por encima de su tiempo que ha sabido contarnos, desde la intimidad, la tragedia de las relaciones humanas.
La humillación, Philip Roth, DeBolsillo.ojoalahoj@yahoo.com