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Porque leer los clásicos…

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No sé si los lectores curiosos se han dado cuenta de que las librerías colombianas han vuelto a encontrar nombres desterrados de los catálogos tradicionales.

Son autores fundamentales de la literatura universal cuyos nombres o bien se olvidaron o bien se convirtieron en citas obligadas pero poco leídas. La idea de la editorial Navona, como la de cientos de editoriales independientes de todo el mundo, ha vuelto a ser reivindicar al editor como un lector convencido de que la única manera de trazar caminos para la publicación es la convicción de quien ha leído con pasmo y emoción. He leído varios de sus títulos, entre ellos las novelas de Stephen Crane, un precoz autor que murió muy joven y que nos legó historias como Hotel azul, un brillante cuento largo sobre la ambición y la violencia de un puñado de personajes. O como Aquel sofocante verano, una pieza corta del alemán Eduard von Keysling, una de las mejores historias de formación y enfrentamiento entre padres e hijos que haya leído. Una historia de un naturalismo exuberante que nos recuerda a uno de los precursores de Thomas Mann.

Los libros de Navona tienen la virtud de que han sido los libros que leyó su editor, un hombre de más de siete décadas, criado en Barcelona, y quien, como agradecimiento a la lectura, comenzó a publicar las historias de Caldwell, Saki, Fitzgerald, James, Stevenson, Steinbeck, Conrad, o Wharton, entre otros. Su emoción por concebir ediciones cuidadas, vueltas a traducir, con portadas de un diseño tan sobrio como sofisticado, han dado en el clavo para recuperar aquellas palabras de Italo Calvino en el ensayo “Por qué leer los clásicos”, publicado después de su muerte, donde nos invitaba a leer “como si fuera la primera vez” las voces del pasado portentoso de la tradición literaria.

Más allá de la discusión de si todos los textos publicados y reivindicados por Navona son o no clásicos en un sentido canónico, “los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual”, al decir de Calvino. Y eso es precisamente lo que uno descubre al encontrar a autores de aventuras policiacas como Rex Stout, con Nero Wolfe contra el FBI, un beligerante y combativo autor que resistió los embates del macarthismo, y que fue capaz de campear aquella época de persecución en contra de todo lo que oliera a diferencia en Estados Unidos, escribiendo novelas policiacas recuperadas hoy. Quizás ha llegado el momento, ante la avalancha de novedades, de acordarse de Calvino y aprovechar la vida adulta para entender que libros como los editados por Navona aún no han terminado de decir lo que tienen que decir.

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