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Sin ECO

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Al parecer el semiólogo y novelista italiano Umberto Eco ha recibido el aplauso de una parte de la crítica por su más reciente novela El cementerio de Praga.

 Anotan varios despachos de prensa que se trata de una especie de vuelta al origen de su primera gran novela El nombre de la rosa. Con esas premisas comencé un libro que al principio me pareció deslumbrante y que, al avanzar, se me perdió mientras buscaba una trama que jamás aparecía junto a un personaje complejo, al principio bien construido, pero, insisto que con el correr de las páginas se vuelve errático y confuso.

Me explico: el falsificador de documentos y confabulador profesional Simone Simonini es una especie de conciencia del origen del antisemitismo en una Europa de mediados y finales del siglo XIX. Su deambular en las oscuras calles de París nos conduce a parajes realmente sorprendentes en los cuales se va tejiendo una tesis sobre escritores y reflexiones que atacaron, desde siempre, a los judíos. Simonini, o quizás un ser bipolar que convive con un doble, entrará en contacto con un psiquiatra judío de origen austriaco de apellido Froïd quien lo persuadirá de que al escribir su propia historia encontrará recuerdos y memorias y traumas que, a lo mejor, había pasado por alto.

Así se inicia entonces un manuscrito o un palimpsesto que es a la vez diario, recuento de vida, cuaderno de anotaciones sobre lecturas y viajes, cuyo único fin, me parece, es sostener la tesis planteada por Eco: mucho antes de la segunda guerra mundial, en la cual cristalizaron los odios en contra del pueblo judío, el antisemitismo era una corriente vigente y respetada en capitales del mundo tan humanistas y liberales como la misma París.

 De esa manera, lo que presume al comienzo de ser una trama al estilo Eco, en la cual el misterio moviliza una serie de erudiciones que los lectores consumimos con avidez, en esta ocasión se queda solo en una muestra de lo segundo sin que lleguemos a conocer lo primero. No hablo de que sea una novela para olvidar, pero creo que la ambición de Eco acabó por romper el saco. Uno recuerda lo apretado y notable de libros como El péndulo de Focault en el cual la luz le salía al paso a la oscuridad, y se pregunta si Eco no quiere, tan solo, mover al tal capitán Simonini por meandros que lo único que quieren demostrar es que en El cementerio de Praga se encuentra el germen de, por ejemplo, Los Protocolos de los sabios de Sión y todas aquellas teorías paranoicas que terminaron por producir un Holocausto como el gran monumento a la infamia del siglo XX.

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