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El portavoz del inferno

Juan David Ochoa
14 de febrero de 2014 – 11:00 p. m.

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Federico Lombardi, portavoz dedicado a defender a bastonazos ciegos las manchas milenarias de la curia, intenta ahora denigrar el reciente informe de la ONU en el que se constata de nuevo la omisión del vaticano en entregar su prontuario secreto de pedófilos a la justicia.

Ya lo había hecho contra columnistas y revistas y diarios por juzgar el Papado zafio de Ratzinger, contra las casas editoriales que se atrevieron a cuestionar la tozudez de los curas en la defensa de las ideologías excluyentes, lo sigue siendo ante el progreso histórico que sigue reduciendo su admisión de puritanos oscuros.  Ahora no solo se rasga su diplomacia en una dignidad caricaturesca, sino que intenta insultar el informe de la ONU afirmando que es anómalo, entrometido y descortés por concluir que los avances investigativos contra los criminales de dios no llegaron a los términos precisos.  Pero era de esperarse,  era previsible y lo natural cuando la ONU presionó a la iglesia  a detallar el informe enumerado de su oscuridad en un plazo de meses, aunque en el púlpito máximo estuviera Francisco, el hombre show de la bondad sin pragmatismo ni efecto, y aunque los nuevos discursos y las nuevas cláusulas dieran a entender un giro drástico de una historia de radicalismos. Era esperado y natural que nada sucediera, porque el olor de la escoria debe ser tan hondo que en una sola ventolera del misterio la hediondez superaría el pesimismo de las grandes sospechas, y sobre todas las razones,  porque la curia no obedece tácitamente a las presiones del mundo, ni a los avances del tiempo, ni a las políticas juramentadas por los países observadores de la ONU, a los que irónicamente pertenece, sino a sus bulas internas e intocables, bendecidas y selladas por la infalibilidad de sus papados, específicamente por Juan XXIII, quien en 1962, bajo el auspicio de la Congregación del Santo Oficio, aprobó la instrucción “Crimen Solicitationis” para guardar silencio total, bajo pena de excomunión,  en casos sexuales o aberrantes que pudieran perturbar la imagen tan arduamente cuidada por los siglos con las lanzas de la imposición y del asedio.

Pero Lombardi se niega a creer que la astucia del mundo esté empezando a desconfiar de los comunicados oficiales, de los poderosos disfrazados, de los eufemismos pronunciados con el énfasis de las modulaciones rimbombantes, y arremete aún más contra la ONU al sugerir que su informe es un atrevimiento porque se lanza incluso a cuestionar sus métodos educativos y sus técnicas de adoctrinamiento y seducción, lo llama eufemísticamente  “graves límites”, ¿ los graves limites que cruza  un comité por cuestionar el traslado de pedófilos entre iglesias del mundo para evitar que la justicia los capture? Así de grave es el miedo que los hace temblar cada vez que un organismo humanitario les pide explicaciones, acuden al método de los sátrapas arrinconados: simular victimización, persecución y acoso para girar la percepción del público, que tanto les preocupa. Y es justamente en este último punto donde acierta contundentemente el comité, porque es en las aulas donde el clero infundió desde siglos antiguos el fatal concepto del pecado y de la culpa que llevó a Occidente a la debacle de su voluntad y a una sumisión de espanto que hasta hoy sigue irradiando el terror de incriminar a sus verdugos. Lombardi, mientras tanto, henchido de orgullo y de poder, defiende su bastión desde el fragor del infierno.

@juandavidochoa1

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