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Esperanzas de humillación

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Mientras asciende la ilusión romántica entre el proceso de paz para un futuro sin bloques de ejércitos irregulares y pretextos políticos para la mafia, y mientras se vislumbra la restauración de un Estado sin arranques de monopolios genocidas, se derrumba la justicia y sus tablas por el otro costado silencioso y aislado de las luces, los altos tribunales, los viejos orgullos del orden y las infraestructuras de las cárceles al borde del estallido por la podredumbre del hacinamiento.

Las cifras en cuestiones de eficacia judicial espantan. Estamos aún entre la jungla aunque el suspiro del romanticismo nos eleve y nos haga creer en la decencia. Los registros de La Comisión de investigación y acusación de la Cámara de Representantes, Ente investigador de altos funcionarios públicos, no ha tenido un solo resultado entre la causa para la que fue creado en ese otro tiempo de ilusiones. Entre 1992 y 2014 se presentaron 3.496 procesos: 1.957 fueron archivados, 1.538 no tienen avances y hay cero acusaciones. El desplome es tal, que aún entre la posibilidad de ser investigados por su ineptitud, no han optado por la vieja estrategia del maquillaje de cifras para no aparecer frente a la opinión como una caterva de pusilánimes.

Pero aterrizando al término alemán en que se entiende el pragmatismo político con sus movimientos de beneficios puros ( Realpolitik) es entendible que el trasfondo no es producto de la incapacidad mental de los integrantes de la comisión de acusaciones, sino una consecuencia obvia de la mancuerna antigua entre los altos cargos del poder y sus instituciones vigilantes. El equilibrio que hace esa estatua ciega de la justicia con su balanza cómica entre los 3.496 procesos y un cero vulgar a su derecha, sólo es entendible en el marco de una corrupción absoluta y de un Estado Fallido, imposibilitado a progresar desde la base mínima de su credibilidad.

Por eso, aunque el proceso de La Habana permita ciertas rendijas de esperanza, el panorama sigue siendo tan oscuro como el pasado de su sangre y sus muertos. Habrá una posible entrega de filas y fusiles pero no habrá sustento social, habrá Justicia Transicional pero no habrá más espacio entre cárceles dispuestas a condenar los coletazos del posconflicto que se vendrá reprimido con sus empujes lógicos de delincuencia y furia mientras la Historia reacomoda esa figura retórica del pacifismo.

Pero ya que las cifras del optimismo escasean desde las mismas entidades del control, puede lanzarse una al naufragio de la zozobra. Todo lo que se vendrá llegará en las atmósferas limpias de gobiernos de barbarie y de furia esquizoide. Todo lo que se vendrá llegará sin los dementes del poder que insisten en fumigar a bala lo incorregible, y en dividir territorios entre indios y mestizos, como en las viejas comarcas del Virrey Sámano.

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