La libreta de Bolton

Juan David Ochoa
02 de febrero de 2019 – 12:00 a. m.

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El pintoresco consejero de Seguridad Nacional de Donald Trump, John Bolton, posó en una rueda de prensa con sus naturales gestos amargos mientras dejaba entre su brazo derecho su libreta con renglones legibles. En una línea podía leerse lo que se convertiría pocas horas después en una tormenta internacional: “5.000 tropas para Colombia”. Las especulaciones empezaron a estallar con las mismas alarmas con las que al otro lado de la frontera se espera la pronta caída de Maduro. Bolton, como todos los comodines elegidos para cargos de estricto carácter, es un conocido viejo zorro en tácticas de amedrentamiento para asegurar una negociación bajo la ventaja de una victoria segura por los intimidantes y alternos respaldos de la fuerza. La demostración de su libreta es un juego psicológico de tradición para decir las cosas sin decirlas, y un lanzamiento al aire de una posibilidad que están tomando ahora en el Palacio de Miraflores como un fantasma que les genera tensión y nerviosismo al interior de las tropas. Bolton no es un tonto descuidado que dejaría ante los reflectores una libreta con decisiones de alto calibre, pero el gesto tiene el tinte tradicional de los Estados Unidos y el tinte especial de Donald Trump de inmiscuirse en asuntos externos con una intriga progresiva que va escalando hasta el punto peligroso del fósforo. No hace falta repetir los hechos ya conocidos por la Historia Universal, pero el caso reciente con Corea del Norte sugiere el mismo modus operandi en el manejo de la política exterior: amedrentar con ladridos de perro loco para doblegar el radicalismo del adversario y llevarlo levemente al terreno del diálogo con la ventaja de los recursos alternos. Es, por cierto, la misma táctica que usó Donald Trump durante sus largos años de poderoso inmobiliario en los estrados judiciales de New York, donde aprendió el arte de la intimidación y la injuria para desgastar los primeros arranques de un adversario débil.

Parece ser la misma táctica usada ahora que Nicolás Maduro se rehúsa a dejar el poder y amenaza con la desestabilización de la región que les preocupa por las razones obvias de un dominio en riesgo, pero el riesgo se incrementa y deja de ser una simple jugada psicológica por las implicaciones de la lectura de esa libreta que están haciendo en este mismo momento las fuerzas que tienen intereses en este polvorín. La paranoia está formando batallones en frontera y promoviendo desfiles que siempre permiten la respuesta de una demostración mayor. Si los militares deciden sostener a Maduro en el futuro próximo y se posterga la expectativa de su caída, la posibilidad de la violencia se hará cada vez más viable entre la desesperación, la impotencia y los consensos peligrosamente ligeros que entrega el gobierno de Iván Duque a las decisiones del norte. La frivolidad del canciller Holmes Trujillo y la pasmosa desorientación del presidente solo pueden llevar a una escalada de errores que pondrán todo en un riesgo mayor con movimientos en falso o acciones improvisadas.

Francisco Santos, quien fue el primer instigador de este incendio desde su silla ortopédica de embajador, ha viajado a la frontera con Venezuela para desearle un buen futuro a quienes cruzan con la esperanza de volver muy pronto bajo el respaldo de otras tropas. Parece que su desastrosa ingenuidad no se entera aún de la gravedad del asunto.

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