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Comienzan los cuartos

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Cada cuatro años se paralizan los corazones y buena parte de las actividades cotidianas para volcar las esperanzas y los ojos al torneo de selecciones más importante del fútbol.

Terminada ya la fase de octavos de final, tras esa criba tremenda que es la primera ronda de la Copa (la mitad de los equipos de cada grupo queda por fuera), deparó esta ronda menos sorpresa que la inicial. En la primera fase se rompieron algunos pronósticos y algunas expectativas fueron defraudadas: dos campeones mundiales, Inglaterra e Italia, en un grupo en el que había tres, fueron eliminados. Y el otro pasó de segundo. El equipo de Costa Rica fue quizás la sorpresa más impresionante, más impredecible y más agradable (por el buen fútbol que mostró, por la alegría del juego, por el respeto por los equipos rivales; lo que no siempre mostraron sus contrarios hacia ellos) de toda la primera ronda.

En los octavos todo fue algo más predecible, y fue notable la superioridad futbolística de los equipos que avanzaron (la de Francia sobre Nigeria, la de Alemania sobre Argelia, la de Argentina sobre Suiza), aunque el planteamiento técnico y la paciencia de los equipos derrotados hayan hecho necesario recurrir a la prórroga. Fue también notable —y por esta vez nos lo podemos permitir— la superioridad de Colombia sobre un Uruguay que hace mucho gana partidos y avanza en los torneos con más entusiasmo que calidad, y generalmente dependiendo de un jugador descollante (Forlán en el Mundial pasado, antes Recoba, Luis Suárez en el actual).

Pero la ronda que comienza mañana, tan definitiva como la anterior y como las que quedan, pues el que pierde se va del torneo, es probable que resulte menos predecible. Hasta el momento Colombia se ha mostrado muy superior a todos los rivales que ha encontrado en el camino y —salvo por pasajes del primer partido— ha mostrado decisión a la hora de atacar e inteligencia y táctica para afrontar los partidos (valga el segundo tiempo contra Uruguay de ejemplo).

Mañana se enfrentará con el equipo local y con una de las mejores selecciones que tiene el fútbol, pero no es menos cierto que su desempeño ha sido irregular y modesto. Puede ser entonces que haya suerte. Si Colombia juega inteligentemente y es capaz de vencer a Brasil, los juegos sucesivos podrían también ganarse, y se obtendría el mayor logro deportivo que una selección de fútbol puede alcanzar. Y en ese caso, pese a lo que señalen o hubieran señalado los pronósticos y pese a lo que digan o hayan dicho los alcaldes, podéis morir en paz.

Nota: Ayer, 2 de julio, se conmemoraron 20 años del asesinato infame de Andrés Escobar. El país no lo olvida; esperemos que la Selección lo recuerde y le rinda homenaje.

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