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Conversaciones con el fantasma

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El libro pretendía ser un homenaje a Leonel Estrada, abuelo del autor y gestor de las bienales de arte que desde 1968 y hasta 1972 organizó Coltejer en Medellín. Resultó siendo un homenaje, sincero y conmovedor, sí, pero resultó siendo también uno de los testimonios más completos sobre el panorama del arte colombiano desde mediados del siglo XX hasta nuestros días.

A lo largo de 32 entrevistas Martín Nova interroga a algunos de los principales actores de la escena artística nacional: artistas, historiadores, curadores, críticos y coleccionistas. Y del ámbito internacional, al curador e historiador Hans Ulrich Obrist. A la luz de sus impresiones, sus vivencias y sus anécdotas se va narrando y construyendo la historia del arte en Colombia.

El propósito inicial fue el de entrevistar a personas del mundo del arte que hubiesen conocido a Leonel Estrada para lograr una semblanza suya, y para que no se desdibujara de su memoria y de la del país la figura y la huella que el genio y la dedicación de su abuelo habían dejado. La idea era reconstruir el retrato —el fantasma del que nos habla el título— a la luz de las palabras y las reminiscencias de quienes, poco o mucho, lo habían conocido y lo habían tratado. Pronto se dio cuenta de que las entrevistas con personajes tan prominentes de la escena artística nacional servían también para trazar un mapa de la situación del arte, de sus orígenes, sus derroteros y sus posibles destinos. De manera que el propósito inicial se vio sobrepasado con amplitud por la inercia misma de las conversaciones. Quizás, modificado el objetivo inicial, hubiese sido deseable disponer las entrevistas según un criterio distinto al de la mera sucesión cronológica de la realización de las mismas.

Sea como fuere, tras leer las más de 900 páginas que componen el libro, algunas conclusiones pueden extraerse y algunas impresiones recurrentes pueden señalarse: la certeza de que el arte en el país goza y ha gozado siempre de buena salud; que de un tiempo para acá las propuestas nacionales han comenzado a tener cabida en espacios internacionales, llamando la atención de curadores y coleccionistas extranjeros que quedan gratamente sorprendidos al conocer un movimiento que tiene profundidad, vigor y tradición (y que hasta el momento les era desconocido). El papel central que ha jugado siempre la academia en la formación y la consolidación del arte y de los artistas nacionales, como consecuencia de la práctica inexistencia de un mercado grande y dinámico para la venta de las obras. El papel importante pero equívoco (en ocasiones no desprovisto de mezquindades y odios injustificados) que jugó Marta Traba en la modernización de la escena y las maneras del arte nacional. La vigencia y la consolidación de viejas galerías y nuevos espacios en todo el país (Lugar a dudas en Cali, Flora y NC-arte en Bogotá…) y la ausencia de crítica de arte y de espacios para su publicación y su difusión.

@Los_atalayas

atalaya.espectador@gmail.com

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