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Desde hace mucho no se veían en el país medidas tan erráticas, tan desacertadas, tan arbitrarias como las que en días recientes tomó el Ministerio de Transporte.
En semanas pasadas se conoció la noticia de que la ministra Natalia Abello pretendía incrementar de modo desorbitado el cobro del impuesto a los vehículos en el país. Para lo cual se valió del ardid de inventarse 7.000 nuevas categorías de carros. Hasta el año en curso, la tabla de valoración de los vehículos constaba de 3.000 modelos, y sobre esa tabla se gravaba el parque automotor, pues la tabla nueva de la ministra —elaborada por una empresa cuyo oficio es vender computadores y que tenía experiencia nula en la tarea para la que se le adjudicó el contrato— cuenta ahora con 10.000 modelos para gravar los carros, según las modificaciones más sutiles y más inimaginables. Pero había más novedades en la tabla: algunos modelos, según la muy cuestionable opinión de la ministra, no perderían valor con el paso del tiempo, sino que se valorizarían año tras año, lo que, claro, obligaba a los usuarios a pagar tributos cada vez más elevados.
Las medidas eran tan inauditas y tan improvisadas que sufrieron las más duras críticas de los entendidos y la suspensión de la medida por parte del Consejo de Estado.
Parece que no es suficiente con que las velocidades máximas en las vías locales y nacionales siga siendo la misma desde hace años (pese a los innegables avances tecnológicos y de seguridad de los vehículos y pese a que esos límites, a la luz de tales adelantos, se muestren tan atrasados como risibles), que contemos con una de las redes más pobres de carreteras de todo el continente, o que los radares de control de velocidad estén ubicados estratégicamente, pero no para prevenir accidentes en las vías, sino para aumentar la probabilidad de ser multado, porque parece que aquí de lo que se trata es de cobrar a como dé lugar. Ni basta tampoco que tengamos que soportar las ineficiencias de un Ministerio que a lo largo de los años se ha mostrado incapaz de construir una red de carreteras por la que los ciudadanos puedan circular con dignidad, por la que los campesinos puedan llevar sus productos a los mercados, por la que importadores y exportadores puedan movilizar sus mercancías. Apenas si se han retocado las trochas por las que nos movilizamos desde hace 200 años… Y sin embargo, no se le cae la cara de la vergüenza a la señora ministra ni al Ministerio que preside para incrementar de manera irresponsable, arbitraria y estrepitosa el impuesto sobre los vehículos.
Decía que el Consejo de Estado frenó la decisión del Ministerio, pero como de lo que se trataba era de recaudar, el costo de la revisión técnico-mecánica subió más del 60%.
@Los_atalayas, atalaya.espectador@gmail.com