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La piratería es una cosa muy seria; tanto que es el juego favorito de los niños.
O lo era, cuando en el mundo había infancia y no sólo Xbox, o Botox, o Emos o qué sé yo. Y no es que nos vaya a dar ahora por la nostalgia (ese viejo vicio griego que consistía en volver a la patria, al duro peñasco entre olivos), pero hubo tiempos en los que la formación moral de la niñez estaba en las manos de Julio Verne. Y allí, entre abordajes y ojos por el piso mientras llovía el acero, entre cañones abriendo la boca, muchos aprendieron lo que es el honor. Con los tigres de la Malasia, con Arthur Gordon Pym o Peter Pan.
Pero eran otros tiempos, claro, y hoy capturan por computador a unos pobres somalíes que se dedican al saco, ese oficio antiquísimo del que se tiene noticia desde por lo menos el 2600 antes de Cristo. Si hasta Julio César en su juventud fue apresado por los piratas del Mediterráneo oriental, y según Plutarco le pidieron 20 talentos para dejarlo en libertad: entonces pagó 50, el muy miserable, y armó una flota desmesurada con la que arruinó a sus captores de la víspera sin dejar piedra sobre piedra. A todos los puso en la cruz; ni siquiera les agradeció por los discursos que le oían cuando se paseaba por la celda como un león entre espinas.
Mejor dicho: podría uno llenar la Enciclopedia Británica sólo con vidas de piratas (bueno, eso hicieron los que la redactaron, en últimas), y aún faltarían muchos bravos y honorables de la nómina. No se entiende la historia de la Modernidad, para no hablar de la del mundo, sin esa guerra que sobre las aguas abrieron entre los siglos XV y XIX ingleses y franceses, españoles y portugueses y los estupendos holandeses que casi acaban con todos los demás.
Se suele confundir la categoría de estos implacables caballeros que hicieron posible al mercantilismo y al imperialismo (ambas cosas son otra manera de nombrar a Occidente), pero no sobra recordar que los bucaneros, en el XVII sobre todo, eran quienes proveían la carne, la comida del hampa en el mar. Los corsarios eran piratas bajo la bandera de un Reino (no se me ocurre mejor definición histórica del Estado moderno), y su actividad estaba limitada por las más severas normas.
Filibusta fue el nombre que recibió la acción de los piratas holandeses e ingleses contra el Imperio español. Filibustero, freebooter o vlieboot en neerlandés: el que asalta a España como se le da la gana, con el acero recién pulido y una astilla sobre el mar, voto a Dios.
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