Publicidad

Piratas

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

A pesar de las esperanzas y las predicciones que acariciaron durante dos siglos algunos optimistas con Hegel y Joubert a la cabeza, parece que la Historia no tiene mayor interés en acabarse.

Por el contrario: ahí sigue más perversa y más sabia que nunca, la vieja empedernida, jugando a las cartas con Montaigne y con Dios, con el Cardenal Richelieu o Santos Discépolo. Riéndose de todos sus ministros a grandes bocanadas;  un puro en la mano y una Guinness a medio servir. La madre de todas las mentiras, como dijo de ella Hecateo de Mileto que fue su primer amante occidental.

Y lo digo básicamente porque se asoma uno a los periódicos de estos días, y es como si aún estuviéramos en pleno siglo XIX. Tiranos tropicales por doquier (en Paraguay, en la provincia de Treviso; el trópico es un estado del alma, no un lugar), deshonrando con sus extravíos la idea  austera que de ellos nos había dejado la literatura. Nacionalismos radicales, fundamentalismos religiosos, desastres naturales: sólo falta que nos dé por hablar en francés y escribir en el latín delicioso de Marx o  Rimbaud. Se equivocan quienes piensan que el siglo XIX es un capítulo de la historia universal, porque es al revés.

Y los piratas, claro; como en los días de mar abierto de Barbarroja o  de Morgan. Quién iba a pensar que a estas alturas de la vida nos iba a tocar ver, y por  televisión,  abordajes y proezas, sacos con la pica en la mano como si estuviéramos en un folletín de Salgari o en una novela de Rafael Sabatini. Y no lo niego: quizás por una debilidad puramente literaria, me conmueve   este regreso a los viejos tiempos, este tizón romántico que se prendió sin aviso, a la sombra de un mundo cada vez más esclavizado por sus aparatos.

La historia de la piratería es larga y retorcida; deliciosa como la palabra griega que le da origen: “peiran”, que quiere decir intentar una empresa con violencia, con esperanza y un libro de Hegel en la cofa. Así lo hicieron Anne Bonny y Mary Read, mis dos piratas “favoritos”: dos azotes del mar en el siglo XVIII, que disfrazadas de hombre castigaron cuanta nave cruzó su camino en el Caribe. Se enamoraron la una de la otra. Será la próxima semana que lo cuente.

Envíe sus preguntas sobre historia a notastacitas@gmail.com

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido