El rompecabezas

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El “desconfinamiento” es todo un rompecabezas. Nadie sabe a ciencia cierta qué medidas tomar, cuándo hacerlo y por cuánto tiempo. Cada país maneja sus cifras, tiene sus teorías, evalúa sus posibilidades en función de sus expertos, de su economía, de sus prioridades, de su idiosincrasia, de su geografía, de sus gobernantes, de su sistema de gobierno. A veces no parece haber una única pandemia sino muchas pandemias y los desenlaces de cada una son tan inciertos como lo que se sabe realmente sobre la enfermedad.

Es incuestionable que uno de los países que ha salido mejor librado de la etapa de confinamiento ha sido Alemania y esto por tres razones principales: un adecuado sistema de salud que no solo cobija a toda su población, sino que además tiene a la mano infraestructura de primera calidad; una estrategia de confinamiento alejada del miedo, y muy flexible, la cual desde el primer momento responsabilizó a su población y jamás la encerró (los niños siempre han tenido la opción de salir a dar un paseo); y una canciller que sabe manejar con cautela el ritmo impuesto por el sistema federal.

Esta semana, este éxito lo alcanzó a poner en entredicho el periodista Dirk Kurbjuweit de la revista Der Spiegel en un artículo titulado Die Entmachtung (El derrocamiento). En esencia, Kurbjuweit critica la manera desordenada como los gobiernos de los estados federales empezaron a anunciar algunas medidas de desconfinamiento días previos a la reunión oficial con la canciller. La principal crítica es la manera como muchos “ministros-presidentes” (Minister-Präsident) aprovecharon la coyuntura para quebrar un poco la unidad hasta ahora mostrada por la canciller y darse un pequeño baño de popularidad en sus regiones relajando las restricciones.

Aunque al día siguiente la canciller, con muy buen criterio, confirmó que el desconfinamiento queda en manos de los estados federales, el desorden y la desinformación mostradas por ciertas regiones han dejado ligeramente en el limbo a la población. Si bien en la etapa de confinamiento las ventajas de este sistema federal serio y organizado han sido evidentes (en particular la capacidad de identificar y actuar con mayor precisión en cada contexto); en la etapa de “desconfinamiento” las cosas parecen menos claras.

Por ejemplo, en el estado federal de Baden-Wurtemberg, tercer estado de Alemania tanto en extensión como en población (11 millones de habitantes), todo ha pasado tan rápido que hasta las medidas tomadas en las primeras semanas de la pandemia casi parecen, hoy en día, totalmente exageradas. La mejor ilustración de esto es la confusa medida que ha autorizado a reabrir los parques para los niños cuando los colegios siguen cerrados. Pero más confuso aún es el instructivo que cuelga en la entrada de estos parques, donde antes estaba la prohibición de acceso por coronavirus. En un parque pequeño el tímido papel limita el acceso a cinco niños (pero no dice cuántos padres) y pregona de manera utópica el distanciamiento entre ellos. Otro ejemplo contradictorio es exigir, al menos hasta el 5 de junio, que las personas eviten entrar en contacto, cuando los jugadores de la Bundesliga retomarán actividades a mediados de mayo como si no hubiera pasado nada. En otras palabras, Alemania parece estar saliendo indemne de esta primera fase sin haber aprendido mucho la lección.

Así como la sociedad alemana mostró su ya conocida obediencia en tiempos de confinamiento, en la nueva fase de la pandemia su gobierno parece estar mostrando ese lado oscuro de no estar contento con lo que se tiene y siempre querer algo más. Y es que hasta sus expertos, como el científico Alexander Kekulé, se preguntan qué está pasando y ven muy probable la llegada de un segundo pico de infecciones en otoño.

La tan anhelada desescalada debe hacerse por fases y no de la noche a la mañana. Es de esperar que estas piezas desordenadas del rompecabezas encuentren de nuevo su lugar para que Alemania pueda seguir siendo un ejemplo sobre cómo actuar en esta etapa de la crisis. Por suerte, todavía tiene a una persona como Merkel, antítesis de Trump, quien entiende lo que es un sistema federal y sabe acompañarlo por el bien de su sociedad. La pregunta es si el buen sentido común de la canciller será suficiente para contrarrestar el ímpetu voraz del capitalismo.

@jfcarrillog

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