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El temor de volver a clase

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Les escribo a todas las familias que, con niños pequeños, han hecho esfuerzos desbordantes por mantener la armonía durante el confinamiento y el desconfinamiento. Y es que cada día hay que llevar la paciencia lo más lejos posible. Cada día hay que tener la capacidad de ser creativo, seguir con el trabajo, hacerse cargo de las tareas domésticas, mantener una vida sana y lograr acostar a los hijos a una hora normal en un mundo que, de un momento a otro, se puso patas arriba. Y, al día siguiente, sale el sol y vuelve y juega… Ese ritmo ha sido en los últimos días, como lo hubiera dicho García Márquez, “el nudo de nuestra soledad”.

En tiempos de pandemia, una gran mayoría de gobiernos dejaron un poco de lado el bienestar de las familias con hijos pequeños. Por un lado, en el caso de países como Colombia, España o Argentina, ha habido un confinamiento excesivo, cuyas repercusiones en la salud mental de las familias aún están por verse. Por otra parte, en países como Alemania, donde siempre existió la posibilidad de salir a la calle, los gobernantes decidieron primero volver al fútbol, al restaurante y hasta autorizar el regreso a los parques, antes que asegurar el regreso al colegio. En este último caso, el 29 de junio, luego de más de tres meses, una mayoría de colegios en Alemania abrió sus puertas, con precauciones por supuesto, a todos los niños. Un estudio de la Universidad de Heidelberg avala esta decisión como lo mostró un artículo de Der Spiegel.

Es difícil juzgar si esta decisión pudo haber llegado con anterioridad (como sucedió por ejemplo en Dinamarca), pero está claro que pensar en las familias no ha sido una de las prioridades en las primeras etapas del desconfinamiento. Si después de más de tres meses el sistema de salud no colapsó y la curva se aplanó, no basta con que los niños puedan salir a jugar al parque: el tiempo ha demostrado que, por más esfuerzos virtuales que se hagan, nada reemplaza su espacio en los jardines infantiles y los colegios; ni su tiempo de interacción con otros niños; ni la tranquilidad de no tener que lidiar con la eventual tensión de los padres por más esfuerzos que estos hagan.

El miedo de algunos padres es entendible después de todo lo que ha pasado, más aún en un país como Colombia donde respetar al otro es una opción. Sin embargo, los gobiernos y las instituciones educativas, públicas o privadas, tienen la responsabilidad de ofrecer los mecanismos para que el regreso a clase sea posible. El problema es que muchas veces no se transmite la confianza necesaria para que esto suceda: en estos tiempos los documentos de política pública se escriben desde el temor y no desde la seguridad de que se hará lo necesario para garantizar la salud mental y física de la comunidad. Me uno a Francisco Cajiao cuando dice que “se ha usado el tema muy bonito de proteger la vida de los niños, (…) para justificar el miedo de los adultos”.

El documento de lineamientos de bioseguridad realizado por el Ministerio de Educación Nacional cae un poco en esa lógica del temor a pesar de sus buenas intenciones. Algunas de las medidas allí presentadas podrían ser difíciles de cumplir a rajatabla, lo cual terminaría siendo contraproducente tanto para las personas responsables de llevarlas a cabo, como para los niños.

El documento es serio y de eso no hay duda. Sin embargo, carece de contenido pedagógico para explicar en un par de páginas lo que se debería y no se debería hacer para asegurar el regreso a clases. ¿Y si de su contenido se realizara una pequeña cartilla pedagógica menos detallada y técnica? Esto permitiría probablemente que la comunidad educativa entienda mejor los alcances y límites de lo que implica volver a clase desde una lógica de la confianza, teniendo en consideración los avances de otros países al respecto.

Es cierto que una buena parte de los pasos que se dan hacia una nueva normalidad son inciertos. El regreso al colegio es uno de ellos. Pero lo que debemos entender es que la vida sigue y que prolongar ciertas decisiones no va a frenar la propagación del virus y sí va a seguir afectando la salud mental de las familias y en especial de los niños. No estoy abogando por un regreso a clase normal y sin restricciones, faltaba más, pero sí por una solución que nos permita avanzar con tranquilidad una vez que se confirme una disminución constante en el número de contagios.

@jfcarrillog

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