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LA SEMANA PASADA RECORDÉ, A propósito de la educación, unas palabras que le oí a Fernando Savater; esta semana he vuelto a recordar a Savater (o más bien he recordado una de sus citas favoritas), a propósito de lo que ha sucedido en las elecciones norteamericanas.
La cita es del economista JK Galbraith: “Todas las democracias contemporáneas viven bajo el miedo a los ignorantes”. Decía Savater que los dos problemas que hacen imposible el ejercicio de la ciudadanía son la ignorancia y la miseria: lo último no es un problema crónico en Estados Unidos, a pesar de los mejores esfuerzos de la administración Bush, pero lo primero es quizás la gran traba que padece la democracia más influyente y poderosa del mundo, y sólo por eso es legítimo que los demás nos preocupemos. Ahora los ignorantes han llegado al poder en la forma del Tea Party, que ha obtenido dos senadores —Kentucky y Florida— en las elecciones del supermartes. Y no sólo eso: su irrupción en la escena política norteamericana ha obligado a los republicanos a radicalizarse para conservar sus votos, con lo cual lo que se viene encima es el Capitolio más conservador de los últimos años.
No son buenas noticias. El Tea Party es en esencia, y por más que la propaganda más interesada intente maquillarlo, un partido de racistas y fundamentalistas cuyo discurso guarda apenas una relación casual con la verdad. Son las pancartas del Tea Party las que han caricaturizado a Obama como brujo o como aborigen. Son las pancartas del Tea Party las que lo han acusado de buscar “la esclavización del hombre blanco”. Por supuesto que a los voceros o los activistas del Tea Party —es decir, los que tienen contacto con los medios— no les gusta que los califiquen de racistas. Hace poco leí en Newsweek las declaraciones de un activista de la Florida indignado por las distorsiones mediáticas. “Nos han tratado de retratar como un puñado de extremistas”, se quejaba aquel hombre. Luego decía que Obama era un musulmán de armario, que tenía serias dudas de que hubiera nacido realmente en Estados Unidos y que estaba convencido de que la administración quería quitarle sus armas de fuego.
Por supuesto, una de las figuras ilustres del Tea Party es la nunca bien ponderada Sarah Palin, la misma que hundió a punta de demostraciones de ignorancia las pocas posibilidades que tenía John McCain de llegar a la Casa Blanca. Sí, Sarah Palin: la misma que sostenía que desde Alaska se veía Rusia, que preguntó si Sudáfrica era un país o una parte en el sur de África, que es incapaz de nombrar un solo periódico o revista cuando se le pregunta si lee los medios. Y una de las candidatas del Tea Party derrotadas en las elecciones es la ya célebre Christine O’Donnell, a quienes muchos comparan con Palin (queriendo elogiarla). Esta mujercita sostiene que la masturbación es infidelidad, que los tiroteos en las escuelas se deben a haber eliminado la lectura de la Biblia, que distribuir condones aumenta el sida. Pero no todo es malo: O’Donnell se arrepiente de sus andanzas de juventud, cuando hacía brujería y salía con brujos (su primera cita con uno de ellos fue en un altar satánico). Y fue derrotada por poco.
Y sin embargo, ahí está: tienen dos senadores y están felices con los resultados.
Ya lo predijo Orwell: Ignorancia es felicidad.