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Introducción a las elecciones españolas

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Hace unas semanas que un político del Partido Popular español (bueno, no uno cualquiera: el Secretario Ejecutivo de Economía y Empleo, Miguel Ángel Arias Cañete) hizo lo que los políticos del Partido Popular hacen tan bien: pelar el cobre.

Esta vez, todo hay que decirlo, el señor Secretario dio muestras de una envidiable capacidad de síntesis, y supo reunir en muy pocas palabras los fundamentos morales de muchos de los suyos: fue a la vez racista, machista y elitista. Quejándose de la inmigración, dijo dos cosas. Primero, que la mano de obra inmigrante no es cualificada. “Ya no hay camareros como los de antes, que pedías un cortado y te lo traían con eficacia”. Y segundo, que los inmigrantes tienen la culpa del colapso del sistema de salud español. “Alguien que para hacerse una mamografía en Ecuador tiene que pagar el salario de nueve meses llega aquí, a urgencias, y se la hacen en un cuarto de hora”.

Y uno no sabe qué es más fascinante: que el argumento del señor Secretario contra la inmigración sea que ya no le traen al señor los cafés como antes, o su indignación ante una mujer que descaradamente se aprovecha de los hospitales españoles para saber si tiene o no tiene cáncer. Lo que sugiere el señor Secretario es muy simple: son esas mujeres ecuatorianas las culpables de que un ciudadano español (uno de los nuestros) tenga que esperar tanto antes de operarse. La culpa no es del sistema de sanidad pública, que no ha logrado los medios ni los presupuestos necesarios para poner los médicos y dar los servicios necesarios. La culpa es de los inmigrantes. Pregunta: ¿es ignorancia o simple estupidez? Respuesta: es astucia. La astucia del que es capaz de jugar con los peores miedos de los votantes y también con sus prejuicios para conseguir el voto. Voten por el PP, dice Arias Cañete, y no habrá más ecuatorianas en la fila: usted podrá pasar a operarse sin que un sudamericano le quite el turno.

La prensa española lleva estas dos semanas indignándose por esos comentarios. Y yo, la verdad, no veo por qué: los lleva haciendo el Partido Popular desde hace mucho tiempo, de manera más o menos preocupante y no siempre relacionada con el fantasma de la inmigración. Pero la gente tiene mala memoria, y los que no tienen mala memoria simplemente no leen la prensa, o leen la prensa que no reproduce estos comentarios. Y así, nadie se acuerda de que el mismo Arias Cañete fue el de ese profundo análisis de las posibilidades de que pasara una ley que interesaba al PP: “pasa por cojones”, dijo. Y nadie se acuerda de que el mismo Arias Cañete fue el de esa demostración de conocimientos agrícolas: “El regadío hay que utilizarlo como a las mujeres”. Esto de parte del partido que quiere imponer un contrato para que los inmigrantes respeten las costumbres españolas. ¿Qué costumbres son ésas? ¿Las suyas, señor Arias Cañete? ¿La grosería, la chabacanería y el machismo?

Hace más bien poco Jaime Mayor Oreja, diputado del Partido Popular, se negó a condenar la dictadura de Franco diciendo: “¿Cómo voy a condenar lo que sin duda representaba a un sector muy amplio de los españoles?”. Por supuesto que, dada la relación entre un sector muy amplio de los alemanes y Adolf Hitler, los argumentos tipo Vox populi, Vox Dei tienen más bien poco prestigio en estos tiempos que corren. Pero sería inútil explicárselo, porque lo que hay en el fondo de su raciocinio (sic) no tiene mucha relación con la lógica de la democracia, sino que se limita a una cierta nostalgia: nostalgia por una España en la cual no había inmigrantes, en la cual le traían a uno el café como uno quería, en la cual no había sudamericanas robándose nuestro turno en el hospital.

 Este domingo los españoles votan para presidente. Y veremos si lo que representa a un sector muy amplio de los españoles sigue siendo el chauvinismo mal disfrazado de los nostálgicos.

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