Publicidad

¿Para qué sirve el Bicentenario?

Juan Gabriel Vásquez
05 de septiembre de 2008 – 10:16 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

HAN COMENZADO A SONAR LAS CAMpanas del Bicentenario de la Independencia, y los colombianos podemos prepararnos para la cascada de grandilocuencias y patrioterismos baratos que nos harán sufrir los profesionales de la colombianidad.

En medio de los efectos colaterales de la emoción patriótica que se nos viene —tonterías como ese proyecto de ley para que uno se ponga de pie cuando oye el himno, “a la manera del Presidente”, me ha llegado a las manos un periódico llamado El Tablero, que al parecer es publicado por el Ministerio de Educación. La edición está dedicada por completo al asunto del Bicentenario, y me ha sorprendido. Porque el proyecto que proponen es una de las maneras más coherentes, inteligentes e informadas que me puedo imaginar para algo tan potencialmente vacío y politiquero como una conmemoración de éstas.

El proyecto se llama ‘Historia hoy’, pero aquí no tengo espacio para poner demasiados detalles sobre sus intenciones. La idea general, sin embargo, es que toda una generación de estudiantes le saque partido (intelectual, moral, cívico) a la celebración. Y eso se hará dividiendo el asunto en tres puntos, uno por cada año 2008, 2009 y 2010 de aquí al julio del aniversario. Es muy simple: durante este año, los estudiantes harán preguntas; durante el año que viene, ellos mismos intentarán responder a las mejores de esas preguntas; y en el 2010, las mejores respuestas servirán a los estudiantes para tratar de averiguar cómo se vivió el proceso de la Independencia en su región. Si les sale bien la cosa, el proceso de los estudiantes imitará muy de cerca el de un verdadero científico social, y el resultado no sólo será entender de dónde viene este país, sino por qué está donde está.

Tal vez lo mejor de este proyecto es que su presentación, en el periódico de marras, hace algo que rara vez hacen los proyectos de ningún gobierno: incluye su propio cuestionamiento. Ahí está, por ejemplo, Jorge Orlando Melo, diciendo con mucho juicio que celebrar un centenario “es un acto convencional: una inocente idolatría del sistema decimal”. Y ahí está Mauricio Nieto, para quien una celebración como ésta “supone que en 1810 nace un proyecto de nación con el cual nos debemos identificar todos”, cuando en realidad esto no es necesariamente “un motivo de fiesta” para todos los colombianos. Y sin embargo de los escepticismos que es saludable guardar, tanto Melo como Nieto acaban concediendo la importancia de estas iniciativas, que no limitan las celebraciones a los himnos y las banderas, sino que las llena de contenido.

El reto, como lo verá cualquiera, es grande. La historia como disciplina ya no interesa, porque ha sufrido el mismo síndrome de tantas otras: el academicismo. Y al proyecto del Ministerio le tocará luchar contra las peores tendencias de la academia, que son dos: la corrección política y el aburrimiento narrativo. La corrección política ha hecho que tantos intentos por enseñar la historia se hayan hundido en las últimas décadas. Como lo dice el gran Simon Schama en un artículo reciente: “Hay millones de dólares amarrados a una industria editorial en la cual la regla sagrada es No ofenderás”. El aburrimiento narrativo, por su parte, es un asunto más complejo: la idea de que la historia ha perdido la capacidad de capturar la imaginación de sus lectores porque ha considerado que cualquier intento por contarla bien, con todo el poder de un buen relato, es artificioso y poco científico.

Pero tenemos dos años para discutir todo esto. Y hay que hacerlo, me parece.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido