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Si yo fuera Caballero de la Virgen también optaría por apoyar la guerra sin cuartel. Saldría con mi armadura y mi estandarte a luchar contra la guerrilla y, al mejor estilo de las cruzadas, triunfaría gracias al respaldo divino.
Sin embargo, no soy caballero de nadie, ni vivo en el medioevo, así que para ganar un conflicto cualquiera me queda más fácil negociar, buscar puntos de acuerdo y conseguir una paz civilizada, en lugar de seguir agitando mi espada por los aires, en medio de los gritos de guerra y los vítores de aquellos sedientos de sangre.
No sé qué les pudieron enseñar en la casa a quienes le dicen no a la negociación y salen a despotricar de las normas que buscan abrir las puertas a un cese del conflicto armado en Colombia. ¿Acaso cuando peleaban con el hermanito el papá les daba un par de cuchillos a ver quién le abría más rápido el pescuezo al otro? ¿O es que tal vez no asistieron a un colegio tradicional, sino a alguna institución donde la venganza y el ojo por ojo es la enseñanza primordial?
Me sorprende que a estos vampirezcos amigos no les impacten las cifras del informe de Memoria Histórica presentado a mediados de esta semana donde se habla de los más de 220 mil muertos que han dejado los últimos 54 años de conflicto. ¿Qué necesitamos? ¿Más soldados muertos? ¿Más civiles desplazados? ¿Más dolor y más sangre?
La primera respuesta que llegará sin duda hablará de la necesidad de que los responsables de los crímenes de todos estos años de guerra sean llevados ante los tribunales y paguen años infinitos de penas en la cárcel. ¡Qué fácil es decir eso! Ahora, trate de negociar con esa moneda. Es como querer comprarle los bancos a Sarmiento Angulo sin ofrecerle dinero a cambio. Hay que dar para recibir y en todo proceso de paz el elemento amnistía es, gústenos o no, un punto esencial.
Comprendo el dolor por lo ocurrido. Entiendo las penas que miles han tenido que soportar por cuenta de la violencia en Colombia, pero no podemos seguir pensando en la retaliación como única salida a lo que ha pasado. No podemos seguir escribiendo el libro de las víctimas por cuenta de unos barbudos caprichosos que viven en las montañas creyendo que Colombia es la misma de hace 50 años, pero tampoco por cuenta de los caballeros de los estandartes que olvidaron la lección más importante de su Biblia: el perdón.
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#PreguntaSuelta: ¿Cuanto le duró al conservatismo el capricho del candidato propio a la Presidencia?
@colombiascopio