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Acaba de presentarse al país 5º Informe Nacional de Biodiversidad ante el Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas y su contenido dista mucho del esperado, pues su énfasis no es la biodiversidad sino el desarrollo y el bienestar humano.
A diferencia de los informes anteriores, éste no se centra en la importancia de la biodiversidad por el número de especies presentes en nuestro país, ni en la manera acelerada como las estamos perdiendo, ni en las estrategias para conservarlas. Sin dejar de mencionar estos aspectos, que fueron solicitados por el Convenio, el informe se focaliza en los servicios ecosistémicos. Es decir, en los beneficios que obtiene la gente de los ecosistemas y cómo los sectores productivos se benefician de su conservación y buen manejo. El informe no propone argumentos para que, desde la ética y la responsabilidad con las futuras generaciones, asumamos la conservación de la vida para la diversidad de especies de plantas y animales que habitan el mundo y que hoy son destruidas por la acción de una sola especie: el Homo sapiens. El informe habla del bienestar nuestro, de lo que hoy estamos viviendo, y su objetivo es llegar a los tomadores de decisiones en economía, desarrollo y bienestar.
Temas tan relevantes e importantes para la vida actual del colombiano, como la protección de la red vial que fue destruida en un 14% (de la red vial no concesionada) por efectos de la ola invernal y el deterioro de los ecosistemas que la rodean, o las inundaciones que en el mismo período afectaron al 7% de la población colombiana. A los bogotanos nos cuesta entre cuatro y cinco veces más el tratamiento del agua proveniente de la cuenca destruida del río Bogotá que hacer potable el agua proveniente de Chingaza. El ahorro en costos de purificación del agua que consumimos los bogotanos es una cifra superior a los 15 millones de dólares al año. Éste es el beneficio de la conservación del ecosistema y la biodiversidad del páramo de Chingaza y sus servicios ecosistémicos. Este análisis y el efecto de la conservación de los ecosistemas naturales en las cabeceras de las fuentes de agua aplican para todos los acueductos de Colombia. Si al tema de calidad del agua sumamos el de regulación y cantidad, entonces la conservación de la biodiversidad se revela como el uso económico de mayor rentabilidad económica y social, actual y futura, para muchos espacios de nuestra geografía nacional.
Esperamos que este 5º Informe no pase inadvertido y sea retomado por los candidatos presidenciales para que el próximo Plan Nacional de Desarrollo dé prioridad a la gestión y conservación de la biodiversidad y sus servicios ecosistémicos. Si eso pasa, y como consecuencia invertimos más y de manera más eficiente en la gestión de los servicios ecosistémicos, generamos una mejor plataforma para el desarrollo de sectores tan importantes como la agricultura, la infraestructura y el turismo, entre otros, y apuntamos al bienestar y la calidad de vida de los colombianos de hoy y del futuro.