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Biodiversidad, riqueza y pobreza

Juan Pablo Ruiz Soto
25 de noviembre de 2014 – 09:45 p. m.

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La semana pasada se adelantó el encuentro Internacional Urabá-Darién: Región Biodiversa.

Esta región es síntesis del país por el gran contraste entre ricos y pobres y la paradójica pobreza de quienes habitan las regiones ricas en biodiversidad.

El propósito del encuentro fue propiciar un diálogo entre actores locales, instituciones, empresarios, científicos y tomadores de decisiones. El reto es mejorar la calidad de vida de los pobladores pobres de las áreas ricas en biodiversidad, sin empobrecer la región al destruir los ecosistemas estratégicos de los cuales depende la viabilidad del territorio.

Diálogo con propósito similar debemos establecer en muy diversas regiones del país pues, según documento de Naciones Unidas, “Consideraciones ambientales para la construcción de una paz territorial estable, duradera y sostenible en Colombia”, en el 87% de los 125 municipios identificados como áreas prioritarias para la construcción de espacios de paz, hay importantes reservas forestales, donde el reto es construir un desarrollo local sostenible haciendo uso sostenible de la base natural. Como lo muestra el 5º Informe Nacional sobre Gestión de la Biodiversidad presentado por Colombia ante la Convención de Diversidad Biológica de Naciones Unidas, la población con menor ingreso per cápita habita los lugares de mayor riqueza en biodiversidad.

Las cosas hoy son distintas y las tendencias de los mercados generan otros indicadores. Ya no vale el monumento al hacha, pues no es alternativa la iniciativa paisa de mediados del siglo pasado, según la cual para llevar el progreso a las regiones había que arrasar el bosque para hacer ganadería y agricultura. En el mundo las cosas están cambiando. Brasil, después de tumbar buena parte de su bosque amazónico, enfrenta el cambio en el ciclo hidrológico asociado a la deforestación que hace que la ciudad de São Paulo —cuyo PIB es superior al de toda Colombia— esté a punto de colapsar por falta de agua. La sequía amenaza no solo la economía, sino la vida.

El bosque ya no es considerado un estorbo, ni un recurso ilimitado. Muchos lugares y países reciben compensaciones económicas por conservar los bosques, dado el valor de sus servicios eco-sistémicos (regulación hídrica, regulación climática, conservación de suelos, paisajes y biodiversidad, entre otros). Noruega transfiere recursos a diversos países por disminuir su tasa de deforestación. Costa Rica compensa a los ciudadanos que conservan el bosque natural y promueve su aprovechamiento sostenible. En Colombia hay ejemplos de usuarios del agua que compensan a los campesinos de aguas arriba por conservar las fuentes hídricas.

En el diálogo Urabá-Darién se propuso que quienes viven en zonas ricas en biodiversidad y son oferentes de servicios ambientales sean compensados al no usar parte de sus predios para producción agropecuaria. Hoy, estos habitantes están mal nutridos y paradójicamente no disponen siquiera de agua potable.

Colombia aún puede construir un futuro sostenible, pues el 51% de su territorio es bosque. Pensemos cómo convertir esa riqueza biodiversa en riqueza económica y social, sin destruirla y, en algunos casos, recuperando los ecosistemas estratégicos de los cuales depende nuestra viabilidad como país.

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