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Desde abril del 2009 la administración del Distrito Capital impide usar el camino tradicional de ascenso a Monserrate, bloqueando una antigua servidumbre.
Simultáneamente cerró otra servidumbre, la del ascenso desde el Parque Nacional a Monserrate, que pasa cerca del Tanque del Silencio y sube a la curva del mismo nombre, llamada así porque en este punto desaparece el bullicio de la ciudad y se siente el silencio de la naturaleza. El ascenso por la calle 72 no se ha cerrado, pero los ladrones que habitualmente están distribuidos a lo largo de los cerros ahora sólo encuentran víctimas en la parte alta de Chapinero, razón por la cual los robos se han concentrado en esta zona. Es una vergüenza pública que se niegue al ciudadano el uso de los Cerros Orientales y que éstos se abandonen a las manos de la delincuencia común. ¿Será que el Distrito Capital no es capaz de administrar este escenario natural?
De otra parte, la curia se ha tomado la ley a su manera: asume que como propietaria de las tierras donde está el Santuario de Monserrate puede cerrar el camino que atraviesa su propiedad. Error: su título de propiedad no significa que pueda abolir el derecho de servidumbre: éste no prescribe. El derecho al uso del camino es de todos los bogotanos y cerrarlo con mallas y puertas alambradas es ilegal. Pero no sólo la curia atropella los derechos ciudadanos: también lo hace la Alcaldía Mayor al impedir el ingreso en la parte baja. El guardia con su perro y la policía ya casi completan tres años negándonos nuestro derecho a subir al cerro. Bromeando, pero quizás no muy lejanos de la realidad, le decimos al guardia que quizá alcanzará su pensión en este puesto, pues es muy posible que se jubile antes de que se terminen las obras y el camino se vuelva a abrir. Para ejercer nuestro derecho de ascenso al cerro, los caminantes debemos desplazarnos lejos de la vigilancia de policías y guardias y subir por zonas aún más inseguras donde los únicos que reinan son los atracadores. ¡Absurdo capital!
En la zona del Tanque del Silencio la situación es similar, sólo que allá es la Caballería de la Policía la que impide el paso: ¡han puesto mallas y una puerta con candado! La parte alta del cerro vuelve a ser reino de atracadores y asesinos. Esta es otra servidumbre a la cual los bogotanos no renunciaremos a pesar de la inseguridad de la parte alta y la ambigua “seguridad” promovida por la policía en la parte baja.
Dado que los Cerros Orientales constituyen uno de los pocos escenarios recreativos y deportivos a donde los bogotanos tenemos acceso de manera democrática, esperamos que el nuevo alcalde no sólo exija el cumplimiento de la ley a la curia y a sus propios dependientes, sino que desarrolle un plan de apropiación y conservación, por parte de la ciudadanía, de este importantísimo recursos natural, visual y recreativo. Los cerros de la capital, en vez de vergüenza pública y reino de atracadores, deben ser lugar primordial de esparcimiento, práctica deportiva y educación ambiental. Tenemos que exigir que antes de que el guardia cumpla su cuarto año camino a la jubilación, se abran de nuevo los Cerros Orientales y se reconozca el derecho ciudadano a una servidumbre activa. A pesar de todo, estamos y seguiremos ejerciendo nuestro derecho a subir y disfrutar los cerros, así intenten cerrar todos los caminos.