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En el momento en que escribo esto nos encontramos con un grupo de 17 colombianos buscando ascender a la cima del monte McKinley o Denali.
Nos encontramos en el Campo 3, conocido como Campo 11, pues se encuentra a 11.000 pies de altura, es decir a unos 3.350 metros de altura. El proyecto, conocido como Colombia Epopeya 7 Cumbres Sin Límites, busca que Nelson Cardona sea el primer latinoamericano en ascender en condiciones de discapacidad a la cumbre más alta de cada continente, más Denali en Alaska y Vinson en el Polo Sur.
La experiencia colombiana, que hoy tiene reconocimiento internacional, busca demostrar que mediante una preparación continua, entrega física y mental, y trabajando en equipo es posible alcanzar los sueños que nos propongamos, por difíciles que parezcan. Nelson ya logró con su prótesis la cima del Aconcagua, el monte más alto de América, cuando en compañía de un grupo de soldados discapacitados, víctimas de las minas quiebrapatas, logró su cima en 2009. Luego, en 2010, con el apoyo de un grupo de empresarios colombianos y como parte de un programa de liderazgo, llegó a la cima del monte Everest y luego, en 2011, también en compañía de empresarios y montañistas, alcanzó la cumbre del Kilimanjaro, en África.
Ahora la meta es el Denali, que con sus 6.194 metros en las proximidades del Polo Norte se considera la montaña más fría. De hecho, ya estamos viviendo en carne propia este calificativo, pues cuando en medio de la penumbra, a las 12 de la noche —acá, en esta época del año no se hace de noche—, buscamos llegar al Campo 3, nos tocó detenernos en medio de una tormenta y hacer una plataforma para instalar las carpas y pasar allí las siguientes horas, pues continuar se hacía imposible. Para muchos de los escaladores de otras expediciones observar a Nelson avanzar con su prótesis camino a la cumbre es algo que genera admiración y respeto, pues aun en condiciones de plena capacidad física esta es una montaña muy difícil.
Para norteamericanos y europeos es claro que en Colombia algo está pasando, y varios nos preguntan cómo va el país, ahora que las condiciones internas son mejores y que estamos exportando petróleo. Para ellos somos tan ricos como antes eran los venezolanos, se imaginan que nosotros pasamos a reemplazar a Venezuela. Para ellos, toda Suramérica es más o menos lo mismo, así como para nosotros gringos y canadienses son más o menos lo mismo. Más de una vez hemos explicado que venezolanos y colombianos somos muy similares, pero que vivimos realidades muy distintas. Si fuésemos la Gran Colombia, ellos, además de Brasil, conocerían otro gran país de América del Sur. Llegará el momento de unirnos y abrir nuestras fronteras y pasar a ser una gran potencia. De momento muchos colombianos trabajan en Venezuela y muchos venezolanos en Colombia. De hecho, la empresa que patrocina esta expedición tiene origen venezolano. Como países hermanos intercambiamos gente, capital y conocimiento. Debemos buscar el camino para volver a ser los principales socios comerciales, pues tenemos mercados cercanos. Así como Nelson está haciendo su sueño realidad, en América del Sur es tiempo de soñar con la unidad. Si nos integramos, este siglo será el siglo de América del Sur.