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Desde hace algunos años, cuando se proponía el pago de servicios ambientales (PSA) como una herramienta que deberíamos usar para mejorar los niveles de conservación en la parte alta de las cuencas y así garantizar la disponibilidad de agua en ciudades y distritos de riego, muchos ambientalistas y sociólogos impugnaban la propuesta diciendo que con el PSA se impulsaba la privatización de la naturaleza, favoreciendo la apropiación privada de servicios que proveían los ecosistema y enajenando a los pobres de la posibilidad de disfrutar bienes y servicios que ofrecía gratuitamente la naturaleza. Se criticaba como una vía de apropiación de la naturaleza por el capital. Quienes apoyábamos el PSA, argumentábamos que era una intervención al mercado para redistribuir beneficios y que en el caso colombiano beneficiaba principalmente a campesinos pobres de nuestra zona montañosa, a quienes sin compensación alguna se pretendía obligar a conservar los ecosistemas y excluir de la producción agropecuaria parte de sus pequeños predios.
El PSA tiene como objetivo que el propietario del predio reciba por su acción de conservación o recuperación del servicio ecosistémico una suma superior a lo que recibiría si en esa área adelanta otra actividad productiva, que destruye el servicio ambiental. Es el beneficiario, es decir, quien hace uso del servicio ambiental, quien está o debe estar dispuesto a pagar para asegurar dicho servicio ecosistémico. Los ciudadanos usuarios del acueducto o los finqueros de las partes bajas que usan el riego son quienes deben pagar y así transferir ingresos al campesino que conserva la parte alta de la cuenca. En el caso del páramo de Santurbán son beneficiarios y usuarios del servicio ambiental todos los ciudadanos que están conectados al acueducto de Bucaramanga. Disponer en cantidad y calidad de agua potable para consumo humano es algo por lo que bien podemos compensar a quienes conservan nuestras fuentes hídricas. En el caso de Bogotá, la ciudadanía ahorra en costos de tratamiento de agua cerca de 16 millones de dólares al año por tener conservada la cuenca de Chingaza. En Santurbán, en sus áreas críticas, hay que recuperar el ecosistema, con procesos activos de revegetalización con las especies nativas que ayudan a conservar el agua.
La iniciativa del Ministerio del Medio Ambiente y de algunas CAR de iniciar el PSA a los campesinos propietarios en Santurbán aparece como una justa compensación para que los campesinos se conviertan en productores de agua. En Resnatur —Red de Reservas Naturales de la sociedad civil— las reservas naturales privadas son espacios donde se combinan conservación y producción agropecuaria sostenible; algo similar se puede hacer en Santurbán.
El PSA es una herramienta que en diversos países (México, Costa Rica, Ecuador) se ha usado con éxito desde hace años. Es tiempo de que en Colombia empecemos a usarla; más cuando hay obligación de usar parte de los recursos de los municipios y de las CAR para la recuperación de cuencas. En este propósito, las reservas naturales privadas pueden jugar un papel clave: adelante con la propuesta de Santurbán.