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Cada vez que se posesiona un nuevo presidente, el Banco Mundial entrega un diagnóstico de los desafíos enfrentará la nueva administración.
El Gobierno acaba de recibir el documento Hacia la paz sostenible, la erradicación de la pobreza y la prosperidad compartida.
En sus consideraciones generales señala que las exportaciones de Colombia se encuentran entre las más dependientes de materias primas en el mundo, pues éstas representan un 70,2% del total de lo exportado, proporción sólo superada por Venezuela y Bolivia, en Latinoamérica. Hace explícito que la abundancia de recursos naturales es una oportunidad y un riesgo, señala ejemplos exitosos como Noruega y otros negativos como Nigeria. Concluye diciendo que, además de las consideraciones de manejo fiscal sobre la forma de gestionar las materias primas y los recursos naturales, deben abordarse importantes consideraciones ambientales. Señala la necesidad de una atención específica al manejo de la contaminación.
En términos macroeconómicos, Colombia es vulnerable a riesgos asociados con su riqueza en recursos naturales. Los países bien dotados de recursos naturales a menudo no desarrollan economías altamente diversificadas y están en riesgo de desarrollar instituciones débiles, un fenómeno conocido como “la maldición de los recursos”. Los riesgos pueden ser superados a través de una gestión prudente de las ganancias derivadas de los recursos naturales, la sustitución de cualquier riqueza natural que se extraiga con otras formas de capital duradero, y un gasto público eficiente impulsado por las ganancias extraordinarias de los recursos naturales (minería e hidrocarburos). Si esto no se hace, la riqueza total disminuirá y el crecimiento no será sostenible.
El documento asegura que para conseguir la sostenibilidad es importante un efectivo ordenamiento territorial, dada nuestra creciente exposición al riesgo por desastres y degradación ambiental en medio de nuestra generosa dotación de bosques, agua y recursos minerales. Destaca como prioridad la necesidad de corregir las ineficiencias en el uso de la tierra, impulsar sistemas silvopastoriles y reducir la deforestación. Enfatiza que para dar sostenibilidad a las políticas propuestas es necesario protegerlas de la inestabilidad económica, la variabilidad del clima y la degradación ambiental. Según el Banco Mundial, el ahorro neto ajustado —una medida de ahorro que se logra después de restar los costos de los recursos naturales extraídos y los costos de la contaminación— en Colombia ha permanecido en torno a cero, por debajo del promedio de la región. Este indicador sugiere que nuestro crecimiento económico no es sostenible.
Según el documento, los retos ambientales requieren una agenda amplia y ambiciosa que se resume en: hacer cumplir las regulaciones ambientales, reforzar los sistemas de datos e información, aumentar las inversiones que fomentan la protección del medio ambiente, mejorar la coordinación institucional, promover el crecimiento verde y cumplir las normas internacionales para la protección del medio ambiente.
P.D. Ramiro Bejarano señala como ambientalistas extremos a quienes decimos cosas parecidas a las que afirma el Banco Mundial. Me pregunto si ahora señalará así a esa institución.