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Reservas campesinas, desarrollo rural y política

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La solicitud de creación de una zona de reserva campesina (ZRC) por parte del movimiento campesino del Catatumbo ha generado una confrontación con el Gobierno que centra el debate en aspectos políticos y opaca la importancia económica y ambiental de las ZRC.

Esta solicitud del movimiento campesino hace eco, para bien y para mal, de las conversaciones de La Habana sobre las del Catatumbo.

El informe de La Habana sobre los avances de las conversaciones en el tema agrario, titulado Hacia un nuevo campo colombiano: Reforma rural integral, publicado por el Gobierno y las Farc en junio 21 de 2013, incluye el tema de las ZRC. Menciona cómo las ZRC son un mecanismo para promover la economía campesina, contribuir al cierre de la frontera agrícola y a la producción de alimentos. En este informe, el gobierno nacional se compromete a apoyar los planes de desarrollo en las ZRC constituidas y en las que se constituyan. Se habla de la función social y ecológica de la propiedad como criterio central para definir la posibilidad de uso agropecuario en zonas que se vayan a sustraer de las reservas forestales nacionales y señala la necesidad de otorgar crédito, asistencia técnica, salud, educación y vías, para que la propiedad del suelo sea herramienta que ayude a superar las condiciones de pobreza del campesinado.

En las conversaciones Gobierno-campesinos del Catatumbo hay que recuperar aspectos ambientales que son determinantes si queremos aplicar con éxito la Ley 160 de 1994 sobre ZRC. La iniciativa de las ZRC no es subversiva. En 1998 el Banco Mundial entregó un crédito al gobierno nacional para apoyar las ZRC porque encontró que había aspectos técnicos, ambientales, económicos y de participación social interesantes e innovadoras.

Las ZRC son una propuesta para estabilizar y democratizar la propiedad de la tierra y evitar el deterioro de los recursos naturales. El plan de ordenamiento ambiental territorial es la acción inicial para desarrollar una ZRC. Su ejecución debe asegurar la conservación de la estructura ecológica principal, impulsar el establecimiento de sistemas productivos sostenibles y generar bienestar económico y estabilidad para el productor campesino.

La gestión de las ZRC debe combinar componentes de conservación, manejo, control y aprovechamiento de los recursos naturales con desarrollo de infraestructura, crédito, comercialización, producción limpia, producción orgánica, educación ambiental, conservación y pago por servicios ambientales.

Si bien las ZRC han estado rodeadas de intereses políticos desde su origen, la propuesta técnica puede desarrollarse en marcos políticos muy diversos. Ojalá la crisis del Catatumbo se supere e incluya consideraciones más allá de la confrontación política de coyuntura. La destrucción del bosque natural y sus servicios ambientales genera un proceso social de empobrecimiento irreversible, cualquiera que sea el contexto político en que se dé su destrucción. En todo contexto debemos proteger nuestra excepcional riqueza ecosistémica, que económica y socialmente es cada día más valiosa. Para el desarrollo rural sostenible, las ZRC son una herramienta de gran potencial, independientemente de los actores políticos que la lideren.

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