Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Hace un año trabajé el último día en mi oficina física y entré en esta nueva etapa de trabajo en casa. Dejamos, junto con el equipo, un espacio abierto, blanco, lleno de luz que acaban de remodelar para nosotros buscando la cercanía y el trabajo en equipos. Alcanzamos a usar poco nuestros nuevos escritorios, salas de ideación, tableros de seguimiento y terrazas de trabajo colaborativo para cambiar a vernos mucho, pero solo a través de las pantallas.
Este cambio de espacio físico se dio al tiempo con, probablemente, uno de los momentos más retadores, en términos profesionales, para nosotros como economistas. Hemos tenido que afinar e innovar nuestras estrategias de análisis y seguimiento de la economía global y colombiana para mejorar nuestra capacidad de proyección y anticipar el comportamiento del consumo, la inversión, el crecimiento, los precios y el empleo, entre muchas otras variables.
En ese proceso se ha hecho más necesaria que nunca la capacidad de análisis, de volver en el tiempo y buscar episodios históricos que nos den lecciones y posibles respuestas de política pública y de construir escenarios potenciales ante la incertidumbre, en este caso, sanitaria.
También nos recordó con dolor que los temas de salud, las enfermedades nuevas y las pandemias son factores que debemos incluir en nuestro análisis cotidiano de las economías, como ya lo habíamos empezado a hacer con temas de sostenibilidad ambiental y social, por ejemplo. También nos mostró que debemos preparar nuestro análisis para incluir la exposición de las economías, como la colombiana, al mundo, más allá de los mercados financieros, de servicios y de bienes.
Este proceso también nos retó a encontrar nuevas fuentes de información y estimación. Muchas de las series tradicionales que analizamos para ver el avance de la economía, tanto las que llamamos indicadores fuertes como las suaves, nos contaban poco y además se demoraban mucho en hacerlo. Incursionamos, en pocas semanas, en un uso más intensivo de los indicadores en tiempo real de consumo, inversión, empleo y confianza, por ejemplo, con resultados muy buenos. También aprendimos a buscar nuevos escenarios de discusión dentro de nuestra disciplina e interdisciplinariamente que nos ayudaron a entender mejor lo que estaba pasando y el futuro.
En definitiva, el proceso de aprendizaje ha sido grande y, aún, la incertidumbre nos mantiene en alerta permanente ante los nuevos desafíos. Lo aprendido nos hará mejores economistas y, creo yo, mejores personas. La lejanía de las pantallas también nos enseñó lo valioso de la cercanía y el trabajo en equipo y lo valioso de volver a encontrarnos en la presencialidad para el análisis económico del país.
BBVA Research.