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La semana pasada aprobaron una nueva reforma tributaria a la que le han puesto el nombre de “Ley de Crecimiento”. El otro día está pensando que esto de bautizar las reformas con nombres es relativamente reciente, recordaba la ELISSA de Echeverry-Maiguashca que con el acrónimo buscaba definir lo que pretendía. Esté gobierno, uso “Ley de financiamiento” en parte por temas de procedimiento y así se quedó bautizada la que fue declarada inexequible y ahora “Ley de crecimiento” que intenta enviar un mensaje potente que a mí me cuesta leer.
¿Por qué digo que me cuesta leer? Porque creo que la reforma hace cosas que efectivamente nos pueden ayudar a crecer pero también hace otras que perpetúan críticas históricas a nuestro sistema tributario y de aporte a la seguridad social. En lo positivo, al bajar gradualmente las tasas de impuesto de renta para las empresas se busca equilibrar el campo de juego con el resto de los países de la alianza del Pacifico, por ejemplo. También, la devolución del IVA para inversiones en bienes de capital nos deja a tono con la legislación internacional. Para personas naturales, al reducir el número de cedulas con que se pagan la renta, se equilibran las cargas parcialmente dentro del colectivo y, con seguridad, se aumentara el recaudo.
En lo negativo, crea impuestos con destinación específica aumentando la inflexibilidad del gasto público colombiano que ya es especialmente inflexible. Disminuye el impuesto a los dividendos, un avance que se había logrado en la reforma anterior, y que efectivamente, creo yo, era progresivo y nos acercaba, así fuera marginalmente, a la legislación internacional. La reducción de la cotización a salud de las pensiones más bajas suena bien pero el costo es tan alto en términos fiscales que resulta siendo un subsidio de los más pobres a los que son un poco menos pobres, la minoría que recibe una pensión en Colombia.
Y en lo que estaremos atentos de sus efectos, está la compensación del IVA a las capas más pobres de la población. El reto acá es inmenso para que el dinero llegue realmente a los que está destinado pero también a que no profundice la informalidad laboral. Hay mucho escrito sobre el tema y muchos expertos que el gobierno debe consultar para que la política sea exitosa. De eso dependerán muchos cambios futuros en nuestro régimen impositivo.