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Reflexión

Julián Posada
15 de agosto de 2008 – 09:41 p. m.

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Declaró el diseñador Custo Barcelona a un conocido medio de comunicación durante su visita a Colombia: “la moda es una industria que dicta comportamientos. Una mujer que está a la moda es la que conoce las tendencias y las respeta”. (el subrayado es mío).

La frase resulta ingenua y produce una extraña sensación de desconcierto. Pretender en pleno siglo XXI que la moda dicte algo, es como creer en el sexo de los ángeles. Nadie discute el poder mediático de la moda, nadie ni siquiera duda de su importancia o de la relevancia que ella posee como generadora de recursos, de empleos y como dinamizadora social, pero de ahí a creer que aún hoy dicta comportamientos, es pretender perpetuar el papel de tirano que ejercía el diseñador y ese papel lo dejaron de cumplir los modistos al iniciarse los primeros años 60 con el triunfo de la cultura juvenil.

Basta recordar que YSL fue despedido de Christian Dior por realizar para las clientas de la casa de alta costura prendas inspiradas en las que lucían los jóvenes existencialistas de la época (es famosa su versión de la chaqueta de motociclista elaborada en piel de cocodrilo).

Si dictar es seguir sin protestar, hablamos aquí de individuos que son simples víctimas de la moda; hombres y mujeres sin ninguna capacidad de reflexión, que actúan como borregos del sistema y que a la más mínima señal del mismo cambian de dirección. Pobres de ellos, carentes de identidad y sometidos sólo al vaivén de la moda y a gustos impuestos, individuos que sacrifican su comodidad por la apariencia… Aclaro que admiro y consumo moda, pero para fortuna nuestra, hoy son miles las opciones estéticas y las propuestas las construye quien consume al apropiarse y hacer suyos lenguajes y estéticas.

Pero resulta aún más asombrosa la conclusión del diseñador acerca de la mujer que está a la moda: conocimiento y respeto, eso es lo que pide Custo a la clienta, por lo demás sometida a sus designios y consumidora irracional de su estética y sus deseos. Pobres de ellas y ellos que no son tenidos en cuenta como parte del proceso creativo de un individuo que se piensa supremo y que desde su oráculo decreta y dicta sobre la apariencia estética de los demás.

La moda, creo yo, propone; dejó de dictar hace años.

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