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Como todo el mundo está haciendo cábalas, aquí van las mías para 2019.
El mundo marchará al abismo con paso firme. Los populismos nacionalistas de consolidan. Putin, Trump, Bolsonaro, Maduro, Ortega y otros analistas demuestran con matemático rigor que los refugiados atraviesan las fronteras porque son líneas imaginarias, no muros reales; que el mundo se está enfriando, que la globalización es el quinto jinete del apocalipsis, que todas las protestas sociales del mundo son patrocinadas por Isis, que la evolución es una teoría marxista y que la Tierra es plana, como cualquiera puede comprobar mirando por la ventana. (A pesar de sus bríos, creo que el populismo caerá porque va en contravía de la historia y de fuerzas poderosas: la ciencia, el ambientalismo, el mercado y la globalización. Ojalá que no caiga demasiado tarde. El mundo no tiene tiempo ni fondos para corregir más desastres sociales o ambientales).
La Corte Suprema de Justicia llamará por fin a indagatoria a Álvaro Uribe por 14 de los 44 delitos que se le imputan. El hombre acude, se hace embolar y recita sus mantras: “Soy un hombre probo”. “La Justicia del mundo me persigue”. Luego sale muy orondo, expele un flato y su popularidad sube cinco puntos. (No albergo esperanzas en la Justicia del Estado ni en propósitos de enmienda del sujeto. Él Eterno sabe que medio país sabe que Él es el camino, la verdad y la muerte. Por esto es amado).
Se suicidará otro testigo del caso Odebrecht. Examinada la toalla que el CTI encontró junto al cuerpo, Medicina Legal afirma que la mancha marrón no contiene trazas de sangre: son residuos de Milo, afirma su director, pero reconoce que sus laboratorios no están equipados para evaluar moléculas de productos Nestlé. La Fiscalía asegura que el occiso bebió por accidente un brebaje para ratas que había preparado él mismo. La familia emite un comunicado de respaldo al trabajo del fiscal. (Menciono a Odebrecht por ser el caso emblemático de la corrupción en América. Sobra decir que no espero nada de la justicia colombiana ni de la justicia de ningún país, rehenes todas de la plutocracia, ese modelo imbatible. La única esperanza, vea usted, pasa ahora por los monitores de las bolsas de valores, sistemas muy sensibles a los escándalos. L. C. Sarmiento, demos por caso, se muere de la risa con las coimas, marica, pero tiembla ante las severas fluctuaciones de La Bolsa de Nueva York).
Caerán asesinados cientos de líderes sociales, y los algoritmos Springer de la Fiscalía detectan un patrón: junto a los cuerpos siempre hay una falda. (Tampoco espero justicia para los líderes sociales. Si no la hubo con Santos, no la habrá ahora, con los refundadores de la patria).
El Gobierno logrará lo imposible: implementar los acuerdos de Paz con más negligencia que la administración Santos.
Se agudizará la personalidad esquizoide del Gobierno. En las mañanas, el presidente y su equipo toman decisiones modernas, incluyentes y pacifistas. En la tarde, las vuelve trizas la Novísima Unidad Nacional, liderada por el Centro Democrático, y Paloma declara trozada de la risa: “Se los dije: el Gobierno es una cosa y el Centro Democrático es otra cosa”. (En esto soy optimista: si el Gobierno sigue dando palos de ciego, al CD le irá mal en las elecciones regionales de octubre y el genocida delirante no acrecentará su ya inmenso poder. Si el gobierno endereza el rumbo, es decir, si Uribe le grita: “Iván, le ordeno que me desobedezca”, es probable que el año no sea tan desastroso como muchos prevemos).
Nota. Proscrita la mermelada, la Novísima Unidad Nacional se cocinará con Splenda: el Congreso manejará a discreción el 20 % del presupuesto nacional.