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Canor necat

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VIENTOS PEDÓFILOS SE HAN COLADO en estos días por las ventanas del Vaticano y barrido los marmóreos pisos, agitado las cortinas púrpura, derribado los vasos de oro, levantado las faldas de los severos prelados, puesto una nota agria en las vaharadas del sahumerio y una nota destemplada en las piadosas monodias de los cantos gregorianos. No es para menos.

Esta vez los rumores han salpicado al mismísimo Papa. Según los diarios, cuando Su Santidad era obispo de Munich por su despacho tuvo que pasar la denuncia de abuso sexual de un niño por parte del sacerdote H (así llama el Vaticano al embozado pederasta). ¿Qué hizo SS? Obró de manera francamente castrense: no le dijo nada a la justicia civil y trasladó a H a otra parroquia, donde lo sometieron a una terapia ejemplar: aseador de inodoros de un geriátrico. Pero como el Diablo tapa y destapa, dieciocho meses después, en 1981, H volvió a agredir a un menor, y ahora, 29 años después, un periódico alemán destapó el asunto y los chistosos han empezado a llamar a Benedicto Tu Santidad.

Yo no sé a ustedes, pero a mí me parece que la Iglesia obra en estos casos con prudencia episcopal. Sus jerarcas se rigen por la máxima latina: canor necat, el escándalo es el que mata. No se puede sumar al pecado el escándalo. Estoy de acuerdo. Se imaginan ustedes los titulares: ¡El Papa excomulga por cacorro al obispo de Milán! Espantoso. Con el agravante de que, si el Papa se pone riguroso, la Iglesia se queda sin obispos y hasta sin curas en menos de lo que un niño se arrodilla. (Pongo cacorro porque la palabra pedófilo es peor; un eufemismo por la culata. Creo que ese estigma, ¡pedófilo!, es ya suficiente castigo).

Fernando Vallejo, nuestra primera autoridad en filología y muchachos, le ha restado importancia al asunto: cuando un muchacho se acuesta con un viejo, el aberrado es el muchacho, dijo el escritor con lógica flemática, y agregó con maledicencia paisa: un sacerdote que no sea pedófilo es un impostor.

Los semióticos creen ver signos fatales en los rituales, los símbolos y la arquitectura sacra: el martillo de Dios, el celibato, el círculo sagrado, los siete sellos, el obelisco, el báculo, las cúpulas, los domos, las batas, los anillos, todo apunta de manera satánica al agujero negro de la perdición. Además, cierta desinencia… el Vaticano, el tribunal diocesano, mariano, rubiano, dioclesiano, gregoriano… tanta rima no puede ser mera coincidencia, aseguran estos impíos de la secta herética que orienta Umberto Eco.

Los escándalos de pederastia también salpican a Darío Castrillón, el octogenario cardenal colombiano del que hasta no ha mucho dependían los 450.000 sacerdotes de la Iglesia, firmaba los cheques del Vaticano que superaban los cien mil dólares, esquiaba, montaba a caballo y conducía su maseratti rojo descapotado a 120 kph por las carreteras italianas con sus canas al viento cantando a grito herido La donna è mobile, qual piuma al vento… Un bacán el cardenal, sí, pero se ha vuelto propenso a la pifia. Hace dos años le dio por respaldar a un prelado facho que afirmaba que el Holocausto era un invento de Hollywood. Y ahora se supo que en 2001 aplaudió al obispo Pierre Pican. ¿Por qué? Porque Pican no denunció, amparándose en el secreto de la confesión, a Rene Bissey, otro cura afecto a los niños. Hombre Darío, uno puede hacer cualquier cosa, defender a Chávez, adherir al PIN, invertir en la campaña de Noemí, lo que sea, pero lo tuyo inaugura un delito inédito: aclamador de encubridor de pedofilia. ¡No hay derecho!

¿Qué haría yo con los curas pedófilos si el Vaticano me lo consultara? Lo mismo que han hecho per secula seculorum los más discretos jerarcas de la Iglesia: trasladarlo. Entre otras cosas, porque es más fácil trasladar un cura que mudar a todos los niños de la parroquia. Lo dicho: canor necat.

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