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Cuatro joyas

Julio César Londoño
18 de diciembre de 2009 – 09:07 p. m.

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CON LA VENIA DE MIS LECTORES, Y ruborizado hasta los tenis, voy a defender hoy a cuatro sujetos indefendibles (mi teclado se niega a escribir la palabra indefensable). Son ellos Álvaro Uribe, Hugo Chávez, Barack Obama y el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad.

Comencemos por el principio (principio y fin, dirán sus adeptos). Creo que Álvaro Uribe tiene razón en oponerse al intercambio humanitario. Bueno, en realidad a lo que él se opone es a los intercambios humanitarios, a la taimada estrategia de las Farc de liberar a los secuestrados por el método del gota-gota. Si el Presidente les sigue el juego, las Farc le copan la agenda. Si liberan los 400 soldados y policías que tienen en su poder a razón de dos mensuales, digamos, las Farc y Piedad Córdoba estarían en primera plana los próximos 200 meses. Y Uribe será sordo y todo lo que ustedes quieran, pero no es pendejo. Por eso no puedo alegrarme de la anunciada liberación del cabo Moncayo y del soldado Calvo: esto sólo significa que los 398 seres humanos restantes pasarán otra navidad en la selva.

Creo que Chávez tiene razón en el asunto de las bases. Lo demostraré cinco veces. Primera: ¿Qué beneficios nos ha traído ese tratado militar? Ninguno. ¿Problemas? Todos. Empezando por la agudización del aislamiento del país en la región y terminando por los serios problemas económicos derivados del cierre de la frontera con Venezuela. Segunda: Cómo será de malo el tratado, que ni siquiera los Estados Unidos nos apoyan en este debate. Tercera: Por caricatura: cuando un viejito rico y perverso se fija en una jovencita suramericana, no es el amor lo que lo mueve. Quinta: Por reducción al absurdo: si Chávez está equivocado, ¡entonces el imperio viene en misión humanitaria!

Creo que Barack Obama sorteó bien la papa caliente de la recepción del Premio Nobel de la Paz. Dijo que había guerras inevitables y puso el ejemplo perfecto: la única forma de parar a Hitler fue con la Segunda Guerra Mundial. Es verdad. Con cartelones y manifiestos el Führer se habría limpiado su esvástico asterisco. No dijo que además de inevitables las guerras son indispensables para su país, ni que él es apenas la imagen del imperio, no el emperador, ni que la política exterior norteamericana no va a cambiar un ápice. No dijo nada de esto porque él es un negro educado, sabe que en las fiestas no se dicen palabrotas y, sobre todo, porque los blancos lo pusieron en la Casa Blanca para tratar de lavar su cochina imagen, no para que pregone obviedades.

Y creo que tiene razón el Presidente de Irán en desarrollar armas nucleares. Y si no tiene razón, porque la guerra es la negación de la razón, entonces digamos que tiene tanto derecho como “los cinco estados nuclearmente armados” (Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, Francia y China) o como los tres que ya han detonado armas nucleares de manera satisfactoria (India, Pakistán y Corea del Norte) o como los dos morrongos que las tienen escondidas (Israel y Sudáfrica). Creo que si uno está en la mira de dos naciones tan peligrosas como Israel y Estados Unidos, está en la obligación moral de estudiar los secretos del núcleo del átomo. ¿Que Mahmud Ahmadineyad es un cafre? Puede ser. ¿Que ha reprimido a sangre y fuego las manifestaciones de la oposición, que se robó las elecciones y simpatiza con Chávez y con Bin Laden? De acuerdo… o tal vez no, tal vez aún no hace méritos suficientes el sujeto, e Irán aún no acumula en su historia las infamias suficientes para pertenecer al exclusivo club de los diez Estados que tienen hoy el poder de borrar del mapa una nación, de desintegrar en 0,03 segundos sus ríos, flores, libros, llaves, piedras, perros, pájaros, bacterias, personas, casas, rascacielos y montañas.

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