Dos ruedas y un triángulo

La bicicleta es mágica y grácil, silenciosa, la equilibran la velocidad y los otolitos del oído, no tiene motor, no la impulsa el viento ni la tira un caballo. Es un vehículo de tracción animal, claro, pero el animal que lo tira no está adelante ni atrás sino encima, se sostiene sobre sí mismo, como la fe. ¡Es tan insólito como creer que uno puede levantarse a sí mismo jalándose de los cabellos!

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