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En términos de número de Gobernaciones y votos para Concejo, el Partido Liberal fue el ganador de las elecciones.
Se alzó con diez Gobernaciones y sus concejales obtuvieron 2’568.000 votos en el acumulado nacional. El segundo lugar fue para la U, con siete Gobernaciones y 2’419.000 votos para sus concejales, y el tercero para Cambio Radical, con siete Gobernaciones y 2.266.000 votos para Concejos.
De aquí podemos sacar varias conclusiones: la primera, que el Partido Liberal vuelve por sus fueros después del largo ayuno del período 1998-2010; la segunda, que sus estructuras políticas (léase maquinarias, clientelismo, líderes de base, contratos, voto amarrado) funcionan bien; la tercera, que si consideramos que Cambio Radical es un partido nuevo y tiene nombre propio, el ganador individual de estas elecciones fue Germán Vargas.
Conclusión cuatro: en las Gobernaciones se impuso el pragmatismo, una palabra elegante para nombrar las miserias de la política. Por ejemplo, el triunfo de Oneida Pinto, la ficha de Kiko Gómez, que llega a la Gobernación de la Guajira con el aval de Alejandro Char y Cambio Radical.
En las capitales de departamento se impuso el voto de opinión. La mayoría de los alcaldes electos de estas ciudades son independientes, se inscribieron por firmas, y casi todos triunfaron más por su nombre que por el logo. Este fue el caso de Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga, Santa Marta, Cartagena, San Andrés, Villavicencio, Yopal y Pasto.
Peñalosa no le debe el triunfo a Cambio Radical, el independiente Federico Gutiérrez le ganó al candidato de Uribe en Medellín, en Cali se impuso el empresario independiente Maurice Armitage, y en Bucaramanga ganó Rodolfo Hernández, un constructor que no es paramilitar ni ordoñista ni serpista ni aguilarista ni de Opción Ciudadana. Alá es grande.
Conclusión cinco: cómo estarán de caídos los políticos de carrera, que los derrotan con facilidad candidatos independientes y recién llegados a la escena. Por omisión, los saurios de los partidos tradicionales han logrado elevar el nivel de conciencia política de la gente.
El Centro Democrático recibió una paliza fuerte. Sólo alcanzó una Gobernación y fue sexto en la votación para Concejos. Con todo, y considerando el atenuante de su juventud, no es un partido descartable.
Sobre la conformación de los Concejos es imposible sacar conclusiones que vayan más allá de las generalidades dichas arriba. Los concejales son tan opacos que nadie los conoce, si exceptuamos los contratistas y los periodistas especializados. Es por esto que no se vislumbra el día en que el voto de opinión elija concejales, en particular, ni candidatos a corporaciones públicas en general. Esta es una de las grandes falencias del sistema.
De cara al posconflicto, las elecciones dejan dos preocupaciones. La primera estriba en que muchas Gobernaciones sensibles (Antioquia, los Santanderes, Guajira, Valle, Casanare…) quedaron en manos de sujetos cuestionados y más amigos del conflicto que de la paz. La suerte de los municipios más frágiles, y por ende del campo colombiano, sigue siendo incierta.
La segunda preocupación está relacionada con la circunstancia de que Germán Vargas tenga la primera opción para las elecciones del 2018. Su arrogancia y su belicismo no son las mejores cartas para un líder que deberá consolidar los avances que en materia de paz alcance la actual administración.
Sin embargo, hay un factor tranquilizante. El hecho de que las principales Alcaldías, despachos con mucha más influencia que las Gobernaciones, serán ocupadas por líderes cuyo perfil es más cívico que político, es un magnífico plante para afrontar los desafíos que la reconstrucción del país propone.