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La semana pasada Antonio Luis González, el fiscal del Caso Colmenares, sorprendió al país al anunciar que había solicitado que las acusadas se sometieran a la valoración de Rita Karanauskas, “una pitonisa esotérica que tiene el don de detectar mentiras, y que su peritaje obrara como una prueba válida en el expediente” (Confidenciales revista Semana Nº 1569).
En realidad la señora Karanauskas no es una pitonisa sino una científica de la Universidad del Rosario, y el hecho de que tenga el cutis tan apergaminado como el de Olga Duque de Ospina no autoriza a nadie a tacharla de bruja, quiromántica, pitonisa esotérica o lagarta a secas.
Karanauskas sostiene que ella es una observadora de los gestos y de la comunicación no verbal, y que basa sus análisis en los “músculos confiables” (los del tercio superior del rostro), porque sus movimientos son involuntarios e incontrolables. En una entrevista con Portafolio, aceptó que la detección de mentiras se complica cuando al sujeto le han aplicado bótox, sustancia que le confiere al rostro una expresión mucho más seria que la de un mentiroso corriente. Superando a Lombroso, el fisonomista que encontró relaciones concluyentes entre la forma del cráneo y las tendencias criminales, Karanauskas afirma que “el lado izquierdo de la cara de los delincuentes tiende a ser mucho más desagradable que el derecho”, razón que explicaría el uso de la palabra ‘ladino’ para referirnos a los judíos sefarditas y a las personas astutas, y el empecinamiento de los egipcios en posar siempre de perfil.
Pese a mi inclinación por los métodos ortodoxos de la ciencia, creo que no debemos rechazar los auxilios que nos puedan brindar las disciplinas alternativas. Si la ciencia médica usa paramédicos y la ingeniería militar no desdeña la ayuda de los paramilitares, si la sociedad se apoya en gremios tan parásitos como los banqueros y los políticos, ¿por qué negarles a los criminalistas el auxilio de los parapsicólogos?
No es la primera vez que la Fiscalía acude a expertos exóticos. Recordemos que Mario Iguarán le hizo honor a su mágico apellido y contrató al más bello psíquico del mundo, Armando Martí, un tasajo de hombre, para que le ayudara a poner orden en la Fiscalía. Martí instaló en el búnker decenas de cámaras Kirlian, creando así un sistema de seguridad invulnerable porque los colores del aura no los puede alterar nadie, ni siquiera la Corte Constitucional. Nadie puede irradiar a voluntad ese halo dorado que corona las testas de los santos, ni el blanquísimo de los niños, ni el violeta de los seres evolucionados (Cristo, Hermes Trismegisto, Paracelso, Madame Blavatsky), ni el rojo púrpura de la lujuria, ni el arcoirisado de los homosexuales, ni el negro azabache de los contratistas.
Repaso estas notas y me surgen varios interrogantes.
¿Por qué instaló Armando sus cámaras dentro del búnker y no en las calles, donde están los criminales?
¿Le partió el corazón Armando a Mario?
Karanauskas… Olga Duque… Iguarán… Antonio Luis González… Anamarta Pizarro y sus chamanes meteorológicos… ¿Hay alguna relación entre la charlatanería y la fealdad aguda?
La Fiscalía… el Festival Iberoamericano… la Universidad del Rosario… los hilos blancos de los mamos en las muñecas de los presidentes… ¿Nos están ocultando las verdades últimas del conocimiento hermético?
Última hora: al fin algo de sensatez: el fiscal Antonio Luis González fue relevado de la investigación del Caso Colmenares porque la Fiscalía General consideró que su actuación no le brindaba garantías a la defensa. Se rumora que González escampará un tiempo como monitor de la señora Karanauskas en ‘Detección de mentiras y comunicación no verbal’, el diplomado que ella imparte en la Universidad del Rosario.