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Esta época será recordada como el tiempo de los payasos. Muchos países están gobernados por sujetos que serían cómicos si no fueran tan peligrosos, si no ocasionaran tanto daño a sus pueblos.
El payaso mayor tiene su sede en el país más grande, en America Great Again. Ningún presidente de los Estados Unidos había dicho tantas estupideces por segundo como Trump… para luego retractarse y defender, con la misma vehemencia, la tesis contraria. Trump cree que a las mujeres les gusta que les cojan el coño sin mediar un “te quiero”. En realidad tiene que pagarles la tarifa para cogérselos y después tiene que pagarles fuertes sumas para que no cuenten cómo se los cogió, pero, a juzgar por sus coquetos pucheros, sigue convencido de que es un payaso irresistible. Considera que el resto del mundo es basura y Latinoamérica, una mierda. Sus últimas hazañas fueron firmar con Kim Jong-un tratado gaseoso y arrancarles los hijos a los inmigrantes. Después Melania, que no puede disimular su asco por Trump y por los inmigrantes, trató de corregir el entuerto con unas declaraciones que son, hasta la fecha, el único golpe a la tierra que le ha dado la primera zorra de la nación.
A esta escala, Kim Jong-un es un payaso menor, pero feliz de que lo tomen en serio los payasos mayores. Su país vive en la miseria porque él y antes su padre y antes su abuelo han dedicado el 80 % del presupuesto a la defensa, y a sus bolsillos, por supuesto. Los Kim son una dinastía militar lunática, narcisa, inepta, cruel y ladrona. Kim Jong-il, el padre del gordito nuclear, se autodenominó por decreto “el líder eterno”. ¿Les suena familiar?
A falta de uno, Nicaragua tiene dos payasos, Ortega y su espantosa mujer. Ortega lleva la friolera de 22 años en el poder (1979-1990 y 2007-2018). Se ha hecho reelegir a fraude y plomo. Lo ha violado todo, incluida la hija de la espantosa. Las protestas populares de los últimos meses dejan hasta ahora más de 400 muertos y más de 300 desaparecidos, tarea que se reparten el Ejército y los grupos paramilitares.
Venezuela también ha tenido dos payasos. Entre Chávez y Maduro (18 años en el poder) lograron poner a aguantar hambre al país que tiene la mayor reserva petrolera del mundo, una hazaña digna del anti-Nobel de Economía. Chávez tenía la inteligencia propia de un coronel marxista católico (la de Maduro es de dragoneante santero). ¡Cómo será de grave la situación que los venezolanos huyen a Colombia!
Colombia no se queda atrás. Los últimos 16 años han estado marcados por la frenética actividad del payaso eterno. Uribe autoriza pistas y zonas francas, se embola los zapatos en la Fiscalía, demanda ante la Corte, responde ante la Corte, recusa a la Corte, chuza, persigue, se declara chuzado y perseguido, traiciona, lo traicionan, trina, bufa, echa espumarajos, renuncia, renuncia a la renuncia, ayer se declaró impedido por la moral, hoy está expelido por el honor pero mañana su inteligencia superior seguirá trabajando por los intereses superiores de la patria y dictándole a su pupilo las cosas que debe repetir él solito.
Putin y Xi Jinping están en otro nivel. Son megapayasos. No hay Congreso ni prensa que los joda, tienen la sartén por el mango y manejan los hilos de los otros payasos porque son la especie más peligrosa, el payaso inteligente. Por su astucia y poder, el ruso y el chino serán tema de otra columna.
La humanidad progresa de manera lenta, en zigzag, como los veleros que avanzan contra el viento. Para agravar el cuadro, los payasos generan retrocesos enormes y el pueblo los ama en virtud de una ley fatal: el amor del pueblo es proporcional a la incoherencia del payaso, y a su maldad.