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Un novato adelantado

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El prontuario del prófugo Luis Carlos Restrepo es surtido. Se lo acusa de fraude procesal, tráfico de armas agravado, peculado por apropiación y prevaricato por acción. No está mal para un novato, ¿no? Menos mal que venía de la academia. Donde se hubiera formado en una olla…

El delito de fraude procesal se configuró porque, según la Fiscalía, Restrepo montó una “empresa criminal” junto con dos coroneles del Ejército y el guerrillero Olivo Saldaña. La empresa consistió en inventarse el bloque Cacica Gaitana para luego desmovilizarlo y presentar el caso como otro éxito de la política de seguridad democrática.

Desde la cárcel, Olivo Saldaña reclutó ñeros, ladrones y gente varada, les pusieron camuflados, les dieron armas (para que las entregaran luego en una emotiva ceremonia televisada) y les asignaron auxilios por un total de $1.037 millones mensuales. Vivimos en un mundo mediático, lo acepto, pero nadie podrá negar que fue una cuña demasiado costosa. Por esto es que la Fiscalía lo acusa de peculado por apropiación a favor de terceros (digamos a favor de Restrepo que eran terceros pobres, como era de esperarse tratándose de un señor famoso por su ternura).

Las armas las consiguieron en el bajo mundo a través del narcotraficante Hugo Alberto Rojas y fueron encaletadas en una instalación militar antes de dárselas a los vagamundos. El informe de la Fiscalía señala que Restrepo sabía de esta operación; de aquí la sindicación de tráfico de armas contra el adelantado novato.

El delito de prevaricato por acción se habría configurado porque Restrepo sabía que la lista de desmovilizados entregada por Saldaña estaba conformada por un ejército de impostores.

Después de leer el informe quedan en el aire muchas preguntas: las otras desmovilizaciones, las de los 32.000 paramilitares y los 13.000 guerrilleros, ¿fueron también una farsa? ¿Era necesario que el Estado invirtiera varios billones de pesos para cambiar la sigla Auc por la sigla bacrim? ¿No basta con cambiar los membretes de la papelería? ¿Era necesario todo ese montaje para que varios pesos pesados del narcotráfico alcanzaran estatus de guerreros políticos? ¿Era indispensable cerrar con esa opereta la sangrienta contrarreforma agraria que les arrebató cuatro millones de hectáreas a los campesinos colombianos?

Algunos quieren invalidar el informe de la fiscal alegando que está muy mal casada. Otros se resisten a creer que un profesor de aspecto bonachón haya cometido tantos delitos gruesos. Yo no. Creo, por un lado, que todos los matrimonios son inconvenientes; y, por el otro, siempre supe que Restrepo era un sujeto sin escrúpulos. Recuerdo una entrevista de El País que lo desnudó de cuerpo entero. Allí, el sujeto defendió la inmunidad parlamentaria (propuso que fuera la Comisión de Acusación de la Cámara la que decidiera si un congresista debía ser juzgado por la Corte Suprema de Justicia) y afirmó que los hijos del presidente eran “simplemente unos muchachos exitosos” (lo dijo sin rubor alguno pese a que se acababa de destapar el bochornoso asunto de la zona franca de Mosquera); sobre los falsos positivos opinó que era “una tormenta política que minaba la moral de las Fuerzas Armadas”. Traducción: el escándalo es el que mata. Parecía un alto prelado tratando de perfumar la pestilencia de la pedofilia. Estábamos ante el genocidio más infame de nuestra historia, ante una masacre de colombianos humildes perpetrada por miembros de las FF.AA.; eran “cientos de viles asesinatos que siguen un patrón”, como repetía Germán Vargas, ¡y el alto comisionado la calificaba como una tormenta política!

Bien ido sea, señor Restrepo; lárguese a perfumar ahora las alcantarillas del exilio.

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