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Los sectores conservadores estadounidenses elogiaron el discurso del presidente Barack Obama durante la entrega del Premio Nobel de Paz, en el que habló de guerras necesarias y guerras justas.
Hace 70 años los alemanes aplaudían con igual pasión el discurso de Hitler, en el que reclamaba el derecho del pueblo alemán de anexar a Checoslovaquia, para defenderse de “una daga que apunta al corazón de Alemania”.
A lo largo de la historia los imperios han justificado el saqueo, el sometimiento y la esclavitud con argumentos éticos: un destino divino o un imperativo moral que obliga a las razas superiores a imponer sus valores a los pueblos bárbaros; EE.UU. no ha sido la excepción: durante décadas, esta potencia militar ha justificado sus políticas intervencionistas y su apoyo a decenas de regímenes genocidas como un deber ineludible, el de llevar los ideales americanos de democracia y libertad al mundo.
Hace más de un siglo, Theodore Roosevelt se refería a la masacre de los cheyennes en 1864 como una acción legítima para limpiar de salvajes las fronteras de la nación americana. Después de todo, era más que justo que los invaluables recursos de Norteamérica no quedaran en manos de “razas degradadas, sin sentimientos y desprovistas de toda moralidad”, como escribió Hegel en su Filosofía de la Historia.
Un presupuesto de defensa calculado en cerca de US$600.000 millones para el año fiscal 2010 muestra que Obama está pensando invertir en la guerra y el desarrollo de tecnología militar, más que cualquier otro gobierno desde la II Guerra Mundial. La comisión del Nobel, que tenía opciones, como la de la afgana Malalai Joya, una valiente mujer que sobrevivió a la invasión rusa y a los islamistas radicales, optó por apostarle a “un liderazgo más consensuado”, como escribieron dos columnistas en el New York Times.
La retórica de las “guerras justas” no es distinta de aquella de las “guerras santas” o “guerras preventivas”. El discurso político no es otra cosa que la defensa de lo indefendible, escribió con toda razón Orwell en su ensayo La política y el idioma inglés, y en esto consistió la alocución de Obama para justificar las guerras en Irak y Afganistán.
La doblez de su discurso es una decepción para muchos, que veían en este hombre articulado y brillante el fin de las políticas criminales de Bush. Ese es un Nobel que jamás debió haber aceptado.