Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Del hombre apuesto que aparece en la portada del best seller “Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo” no queda ni la sombra. Dos décadas después de publicar su libro, son visibles los estragos de los años: Chopra luce como cualquier abuelo setentón; de su abundante cabellera negra solo perdura una pelusa rala y cana.
Ni la meditación trascendental, ni la herbolaria ayurvédica maharishi pudieron atajar el tiempo demoledor. No podemos negar, sin embargo, que toda esa bobería místico cuántica que tanto predicó fue de gran provecho, no para el cuerpo, sino para el bolsillo del más elocuente de los charlatanes de la Nueva Era.
Pero todo se olvida pronto. Ahora una diva, algo madurita, aunque con algunos vestigios de sus encantos mozos, promete otra fuente de la eterna juventud, el Revertrex. Pero, al parecer, el negocio ha durado poco, pues la Superintendencia de Industria y Comercio impuso a sus fabricantes y distribuidores la máxima multa que se permite en Colombia por publicidad engañosa. Para mayor desgracia, ahora la Grisales, o alguien más, tendrá que salir a decir en público lo que todos sabían: que no existen pruebas científicas para afirmar que el resveratrol, compuesto activo del Revertrex, reversa el envejecimiento o lo detiene. Aunque merecida la multa, hay que reconocer que entre todos los remedios fraudulentos que circulan en el mercado (para limpiar arterias, curar la artritis, prevenir el infarto, eliminar varices…), los de uso cosmético tal vez sean los más inocuos, pues fuera de atentar contra el bolsillo sus efectos nocivos suelen ser escasos o nulos.
Asunto muy diferente es aquella medicina alternativa que promete prevenir e incluso curar enfermedades en potencia letales, como la diabetes, los problemas cardíacos y hasta el cáncer, sin necesidad de procedimientos traumáticos, sin cirugías, biopsias, quimioterapias… En lugar de químicos se ofrecen medicamentos naturales, esencias florales, terapias relajantes con cristales, péndulos, imanes… En más de un caso, enfermos graves son persuadidos a seguir métodos terapéuticos que no cuentan con sustento clínico, solo para acudir a la medicina científica cuando ya es demasiado tarde.
Algunos recordarán la trágica historia de Bob Marley, quien murió a consecuencia de un melanoma, cáncer de piel en extremo agresivo aunque curable cuando se extirpa en sus primeras etapas. Ocho largos meses permaneció el compositor jamaiquino internado en la clínica del doctor Joseph Issels (fisiólogo Alemán acusado de homicidio por ofrecer curaciones fraudulentas) mientras el cáncer se extendía a sus anchas. Pero el caso más irónico quizá sea el de Steve Jobs. Cuentan sus biógrafos, que en 2003 el fundador de Apple había desarrollado un tumor en el páncreas, de muy lento crecimiento, y especialmente tratable. A pesar de su formación científica, Jobs prefirió dejar el asunto en manos de un sanador naturista, famoso entre celebridades, quien ofreció curarlo con dietas macrobióticas. Tras el fracaso del curandero, Jobs decidió finalmente someterse a una cirugía cuando el cáncer ya se había diseminado a sus órganos vitales.
No se explica entonces por qué se multa el Revertrex pero se consiente la difusión de programas engañosos sobre medicina y salud, en realidad largos comerciales patrocinados por clínicas naturistas. O por qué se permite la práctica de terapias seudocientíficas, como la imposición de las manos, la radiestesioterapia, la medicina vibracional, la magnetoterapia, para mencionar solo algunas, que jamás han demostrado ser más eficaces que el placebo, y las cuales poseen tanto sustento científico como la cirugía psíquica o las curaciones con ángeles. Debería ser un delito, por ejemplo, que a través de los medios se invite a individuos diabéticos a reemplazar su dosis de insulina por goticas homeopáticas, o por terapias con cuarzos.
Que existan principios activos en muchas plantas no garantiza que sus extractos sean eficaces para prevenir o combatir un determinado mal. Para probar la eficacia de una droga o tratamiento hay que realizar comparaciones “doble ciego” contra un placebo y análisis estadísticos que permitan establecer correlaciones confiables, entre muchas otras pruebas. Existen indicios, por ejemplo, de que el selenio “ayuda” a la apoptosis o que los polifenoles poseen efectos antioxidantes. Luego una planta rica en estos químicos, como el té verde, puede recomendarse como tratamiento para el cáncer: “Seis tazas de té verde al día inhiben la aparición y progresión de metástasis”, se lee en una publicación médica, una extrapolación tan falaz como peligrosa. Pero si semejante desinformación proviene de los mismos médicos convencionales, no sorprende entonces que el Invima consienta que un simple complemento nutricional pueda llevar un aviso que diga: “Protección contra el cáncer de colon”; “Eficaz contra la enfermedad de Alzheimer” y otras afirmaciones igualmente irresponsables.
Existe una gama de medicamentos a base de extractos de palma americana, “Serenoa repens”, y ciruelo africano, “Pygeum africanum”, que se ofrecen para tratar todo tipo de males asociados con la próstata. ¿Existe algún estudio que respalde las supuestas propiedades terapéuticas? Sí hay uno, publicado en el New England Journal of Medicine, donde se muestra que en el mejor de los casos esos componentes activos alivian la micción dolorosa, pero no son mejores que el placebo en el tratamiento de la hiperplasia prostática. Y en cuanto a prevenir el cáncer, productos como estos incluso podrían ser responsables de aumentar su avance, pues muchos hombres mayores, confiados en falsas panaceas, no vuelvan a practicarse ningún examen de antígeno o tacto rectal. Un estudio realizado en el Departamento de Oncología del hospital universitario de Tromso, Noruega, examinó la relación entre la supervivencia al cáncer y el uso de medicina alternativa. La investigación mostró una tasa de mortalidad 30% (nada despreciable) más alta en los usuarios de esta medicina.
Al igual que el Revertrex, una de esas medicinas, el Prostamax, ya fue sancionada por la Secretaría de Salud Federal de Méjico. En Colombia, sin embargo, se ofrece para todo tipo de problemas urológicos y de próstata. Solo falta que por la compra de cada frasco de Prostamax se encime un par de los famosos calzoncillos iónicos para la impotencia. Sin importar cuántas sanciones se impongan, podemos estar seguros de que siempre habrá presas fáciles para estos mercachifles, que seguirán esquilmando el bolsillo de tantas almas ingenuas, o simplemente desesperadas y, con frecuencia, apresurando su viaje al más allá.