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A estas alturas, la señora Lucy Díaz tenía que estar celebrando la terminación de las prácticas profesionales de su hija mayor, viendo cómo escogía carrera su hijo menor, yendo a la oficina y viviendo en su casa en Bogotá. Y viviendo.
En cambio, está a punto de cumplir dos meses de estadía continua en Cartagena, sin ir a su trabajo, sin ver al hijo entrar a la universidad, sin vivir mucho ni bien, con una rutina principal tras un único objetivo vital: salir todos los días a caminar los barrios de la ciudad, a ver si logra saber algo del paradero de su hija, que desapareció cuando le faltaban 10 días para terminar su práctica de medicina.
A Tatiana Hernández Díaz —bogotana, 23 años— le gustaba salir a ver el atardecer frente al mar. Estudiante de la Universidad Militar Nueva Granada, pudo postularse a esas prácticas en el Hospital Naval, ubicado en Bocagrande, gracias a sus buenas calificaciones. “Sólo a los de las mejores notas los dejaban ir a Cartagena. Sin conocer a nadie, Tati quiso ir porque le dijeron que en ese hospital los practicantes eran bien tratados y podían atender a algunos pacientes y medicar”, dice la señora Lucy. El domingo 13 de abril se fue a ver la tarde a uno de los espolones de la Avenida Santander y nunca regresó.
La madre; el padre, Carlos Hernández; y el hermano menor, Miguel Ángel, que tiene 20 años y prefiere esconderse cada vez que aparece una cámara porque dice que no se siente capaz de hablar con periodistas, estaban en esa fecha en Cartagena de paseo por la Semana Santa. El día anterior lo habían pasado en una de las islas cercanas con Tatiana.
Ahora residen los tres junto a David Espitia, el novio de Tatiana, que se les unió apenas ocurrieron los hechos y no se les ha separado desde entonces. “Sobrevivimos acá gracias a las ayudas familiares, Cartagena es una ciudad demasiado costosa”, prosigue Lucy.
Las labores diarias de búsqueda comenzaron con un amplio despliegue oficial que se ha ido reduciendo a la esperanza incansable de una familia que no se resigna. Al principio, interactuaban con la Alcaldía, que ofreció una recompensa, se realizó un operativo en el mar con un robot sumergible que escaneó sectores clave sin encontrar nada, y arrancó con expectativa una investigación en la Fiscalía. El relato de la madre señala que de aquel impulso poco queda: “Trato de ir cada tanto a la Fiscalía, pero no dan información, y en la Alcaldía me dicen que el alcalde no me puede atender, ayer no más me canceló una cita el secretario del Interior. Les alcé la mano para ver si colaboraban con este arriendo tan caro que nos toca pagar en esta ciudad, y respondieron que no podían”.
Capítulo aparte merecen los titulares de fórmula sensacionalista que, esos sí, no han dejado de abundar en torno al caso en algunos medios. Titulares constantes de preguntas ambiguas o afirmaciones sin sustento, como: “¿Rastros de la joven?” (La Kalle), “Terminó el misterio” o “Vidente dio pista clave” (Pulzo), no aportan claridad ni verdad, pero sí capitalizan el dolor ajeno a cambio de clics.
El caso de Tatiana es uno de los más recientes, pero no es el único en el que una mujer desaparece en Cartagena sin que las autoridades ni nadie den alguna explicación. Ahí está la historia de Alexandrith Sarmiento, una muchacha negra de 15 años nacida en los extramuros de la que no se sabe nada desde 2021. Y también la de Karina Cabarcas, que hace 14 años salió de su casa en el barrio Torices a hacer una vuelta y nunca volvió. María Alejandra Arroyo y Norma Peñata, sus madres, las siguen esperando.
Según los datos abiertos del Sistema Red de Desaparecidos y Cadáveres, que contiene la información de las personas reportadas desaparecidas en Colombia desde 1930, en Cartagena se registra un aumento de desapariciones desde 2020 con un total de 132. De estas, 42 son de mujeres. Mientras, organizaciones y expertos locales advierten y piden investigar el accionar de redes de trata de personas potenciadas por la alta afluencia de turistas.
El duelo por desaparición es una herida que no cierra, y lo que no se nombra no existe. Así que sigamos diciendo sus nombres hasta que aparezcan: Tatiana, Alexandrith, Karina…