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Asimilando el golpe

Lorenzo Madrigal
08 de septiembre de 2013 – 05:00 p. m.

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Los hombres del gobierno habrán asimilado el tremendo golpe de la última encuesta.

La que tengo a mi vista es Gallup, pues el Centro de Consultoría, cuando pudo auscultar a Santos, lo hizo con Petro, el que muy poco tuvo que ver con el paro reciente y pareció acogerse a una especie del económico laissez faire, laissez passer.

El Gobierno, herido en su orgullo (paso brusco del 42 por ciento favorable al 21), propiciará nuevos sondeos. El Centro Liberal fabricará el suyo. Su principal medio amigo zumbará con disimulos para el presidente, cuya popularidad, que venía cayendo, quedó hecha cenizas.

Los secretos auspiciadores del paro agrario con sus desafueros no sólo dañaron la imagen del mandatario y de sus ministros, sino que se hicieron el daño a sí mismos, si ven caducar, bajo otro gobierno, las esperanzas de una paz negociada. Esto, porque, a las luces de hoy, la reelección de JMS está finiquitada.

Juan Manuel Santos no ha tenido carisma. Es hombre de buena voluntad y decente, sin duda; cierta dificultad al hablar lo lleva a sintetizar frases poco afortunadas. Su hermano mayor le ha aconsejado primordialmente cuidar el lenguaje. El “nuevo mejor amigo”, “tacar burro”, “el tal paro”, etc., son locuciones de gran espontaneidad, pero que no caen bien ni son propias de quien ostenta el poder. Se parecen al pijama de tierra caliente o a los pantalones amarillos.

Esto no es un análisis ex post facto, con las ventajas de los resultados a la vista, como de analista del fútbol. Queda para gente autorizada. Sólo percibo que la cosa se fue a pique. La propia inauguración de la sede de campaña por la reelección, que debió aplazarse, fue algo bien diciente, como lastimoso resultó imaginar a un Vargas Lleras (auténtico plan V) a la espera de una mejor fecha para su candidato, en terrible descalabro preelectoral.

En las toldas del uribismo sigue no habiendo la figura estelar que a estas horas estuviera dando el salto hacia el poder. Sus hombres continúan en presuntos enredos de parapolítica, de cuando todo parecía firme y duradero, como el propio gobierno, que se prolongó en el tiempo por un histórico “desvío de poder”.

Tampoco es la hora de la izquierda, siempre ilusoria, pero alguna salida tendrá la crisis que se vive con un presidente en la más baja aceptación, pese a grandes esfuerzos de gobierno. Pienso que se incurriría en peores errores si se pretendiera imponer su reelección.

La muerte de Carlos Monroy Reyes, político del linaje del general Reyes, académico, escritor y amigo, empaña el alma y deja una huella pública enaltecida, como hombre de Estado.

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