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De La Habana viene un barco

Lorenzo Madrigal
11 de octubre de 2015 – 09:00 p. m.

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Novedades debe traer ese barco en un container que abarca justicia, política y teoría del Estado.

Pero su contenido es, hasta la fecha, secreto. El país sólo ha conocido que en esa inefable caja alienta un acuerdo entre el Gobierno y la guerrilla, a través de sus negociadores.

Me parece ver a Álvaro Leyva agitando unos folios ante contertulios de televisión, conocedor y partícipe de tales acuerdos, pero sin facultad para darlos a conocer. Partidario de hacerlo, sí, pero sin permiso para ello.

Hoy en día hay desacuerdo entre los autores de esos 75 puntos acordados: la guerrilla los cree inamovibles y el Gobierno sostiene que requieren aclaración. ¿Cuáles? Es un misterio. En mi ingenua malicia sospecho que, una vez conocidos los pactos en Bogotá, se encontraron materias en que la guerrilla avanzó, aún más, en el banquete de instituciones que se viene dando, mientras el jolgorio de las manos cruzadas, sin que faltara la del dictador cubano, se traducía en aplausos externos por la paz lograda y las maravillosas fotos que ofrecía para el universo mundo (me siguen rondando ciertos giros de literatura ignaciana).

Bogotá debió decir: no, señores, aquí pasó algo; si ofrecemos esto a la opinión nos come vivos la oposición, a la que ya el más autorizado vocero del oficialismo ha tildado de terrorista. Se nos fue la mano, nos distrajimos; la guerrilerada —así le dice su comandante— sigue ganando, no la paz, sino la guerra de los 50 años, de la que tanto se habla.

Tal vez llegue en ese barco habanero un nuevo modelo de justicia. Los enjuiciados se someterán a un tribunal, en su mitad conformado por ellos mismos o bajo su escogencia, “sin vetos”, como lo ha dicho claramente Timochenko, para aludir al doctor Leyva. En el viejo concepto judicial un tribunal, así conformado, debiera declararse impedido por colusión con sus reos. Pero es otro país, es otra mente la que debemos tener, de modo que sea apta para la paz.

Y como si esto fuera poco, el criterio judicial de Timochenko y sus hombres fue expuesto por él mismo ante alguno de sus entrevistadores de izquierda pura, con los que viene conversando. Ha dicho que su militancia tiene rigurosos cánones de conducta. Por ejemplo, que si se sabe que alguno de la tropa violó a una mujer, se le somete a juicio revolucionario, que llama, como si fuera asunto novedoso, consejo de guerra. Que no le falta su defensor y que la tropa, reunida democráticamente, decide la suerte del implicado, decisión que casi siempre es de muerte. ¡Ejemplarizante! Los derechos humanos en su esplendor.

Mientras la pena de muerte pierde terreno en el mundo, podrían venir, confundidos con los criterios de la justicia revolucionaria, los juicios populares, como los de la China de Mao o de los más primitivos resguardos de América.

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