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HAY COSAS QUE NO SE DICEN. LO que es más triste, que no se pueden decir sin despertar una jauría de fieras en reposo. Pero omitirlas es perder la libertad de expresión por temor a un cierto público, que, en masa compacta, piensa a la moda y está recogido en un solo punto de vista de los acontecimientos.
Son las cosas buenas de lo que mucha gente considera malo. A mí, por ejemplo, me pareció bueno el gobierno de Andrés Pastrana, al que López señaló de frívolo, luego de cierto entusiasmo inicial, cuando se embelesaba con las cejas del joven mandatario, que le recordaban el gesto del abuelo, Carlos Arango Vélez. Frivolidades de López.
Pastrana contrastó —ya se nos olvida— con el gobierno sub iúdice de su antecesor y reconquistó pronto la amistad norteamericana, de la que hoy mismo volvemos a no estar muy seguros. Su exquisito inglés, su simpatía personal le abrió caminos. Fue de gran apertura liberal en el trato con la guerrilla, a la que quiso reducir por buenos oficios, aunque tardó demasiado en el intento. Fortaleció militarmente las fuerzas de la defensa, sin exigirles resultados, a la postre criminales.
Qué bueno poder decir, otro ejemplo, que Pío XII fue un gran papa. Veinte años de estable y muy pura doctrina, pero sobre todo, de una espiritualidad que parecía emanar de su propia figura ascética. No en vano en las profecías atribuidas a San Malaquías se le llamó Pastor Angelicus. La circunstancia de haber sido Nuncio en Berlín por varios años les regaló a quienes habrían de ser sus enemigos históricos imágenes suyas entre guardias nazis, propias del protocolo. En la Italia comprometida, salvó a la Iglesia del conflicto, como en su país lo hizo Francisco Franco, lo que seguramente también debe ser un pecado de opinión decirlo.
Denigrar del ex fiscal Luis Camilo Osorio se volvió lugar común en algunos medios. Opino que los fiscales, de algún modo, van al compás de sus presidentes o ex presidentes amigos. Excepción hecha de Valdivieso, quien acusó al suyo ante las cámaras. Y Luis Camilo fue de la cuerda de Uribe. Como fue de la cuerda de Samper el célebre jurista Gómez Méndez (candidato presidencial de D´Artagnan). Se le cobra a Osorio, con sin igual furia, la libertad del general (r) Rito Alejo del Río. Este discutido oficial, quien fuera autoridad en el tenebroso Urabá, recibía para aquel entonces los homenajes del uribismo, pronto a instalarse en el poder.
El general Del Río y los altos oficiales del Palacio de Justicia recibieron palmas en el Salón Rojo del Hotel Tequendama, de parte de Uribe Vélez y de Fernando Londoño, próximos a gobernar. Esta sería la tónica oficial, de la cual quedaría imbuida la Fiscalía de entonces. Pero lo que sí podría excusar cualquier omisión (sin que sea obligación condenar porque el periodismo condena) es que las pruebas, en las que ahora se sustenta una nueva acción contra Del Río, no obraran en el expediente, en los tiempos de Osorio Isaza.
Dejémoslo ahí.