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El bravo pueblo

Lorenzo Madrigal
16 de febrero de 2014 – 11:54 p. m.

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Admirable juventud la de Venezuela. Admirable y sacrificada, porque lo que se ve venir en el país vecino es un régimen de terror. Esa muchachada encarna muy bien al bravo pueblo de su himno nacional.

“Gloria al bravo pueblo, que el yugo lanzó, la ley respetando, la virtud y honor ”. La letra y la música del himno de Venezuela las conocemos desde la primera juventud, como Chávez decía conocer, y lo entonaba (que es lo peor), el himno de Colombia. Cuánto dicen las palabras de estos himnos, aun con giros literarios de su tiempo, si las desentrañáramos, si las aplicáramos.

No creo, sin embargo, que este despertar del pueblo venezolano, sacudido por sus estudiantes, alcance pronto el restablecimiento de las libertades públicas y el regreso del país a la democracia. Se dirá que democrático fue el origen del actual régimen chavista, que varias elecciones avalan la legitimidad del poder; pero también es un hecho incontrastable la parcialidad de las autoridades electorales y la forma como todos vimos se burló la elección del candidato opositor en las últimas presidenciales.

Por las noticias escuchamos las protestas de la gente por el desabastecimiento, por la tremenda inseguridad, por la injerencia cubana (“¡no más escasez, no más cubanos!”), que al parecer les dan la sensación de estar siendo ocupados. Ideológicamente sí que lo están.

Quienes sostienen que en estos tiempos cada país latinoamericano es dueño de sí hasta sus fronteras y maneja relaciones diplomáticas con los vecinos o cercanos, en medio de una convivencia pacífica de realpolitik, no están acertados.

El bloque de países del llamado socialismo del veintiuno está íntimamente relacionado y quiere influir en los demás, como le ocurre con Colombia, en cuya pretendida paz interna se halla interesado e inmerso. Cuba (sede de las negociaciones), Venezuela (donde se mueve Timochenko y el embajador Chaderton monitorea) y ahora, hasta el presidente de Uruguay, quien entró en conversaciones con los negociadores de La Habana. Es todo un cerco sobre nuestra república liberal e independiente.

La paz de Colombia se está negociando no propiamente entre colombianos, sino con un bloque entero de países (del Alba), que nos son incompatibles. ¿Qué derecho tienen a esa injerencia en lo nuestro, que no es un servicio de amable compostura, sino un interesado apoyo de quienes han fomentado y albergado la guerra en Colombia?

¿Por qué no se buscó un territorio neutral para las conversaciones de paz? ¿Por qué, en el afán de conseguirla en este y para este puntual gobierno, nos entregamos de lleno a las autoridades ilegítimas de Venezuela y a las dictatoriales de Cuba y hoy en día no podemos ni protestar por la represión que se ejerce contra “el bravo pueblo” vecino, sus medios de comunicación (nuestro NTN24) y sus libertades públicas?

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