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El desespero final

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En las últimas de la campaña y estando en vísperas de definir el gobernante de los siguientes cuatro largos años, se desatan las pasiones contenidas y se apela a toda clase de recursos, inclusive lícitos. Son por lo general acusaciones válidas, pero inoportunas.

Esta Nación presidencialista vibra y se amotina con la definición unipersonal de su presidente. Le apasiona más votar por una persona que por una nómina, un colectivo. De ahí que la abstención disminuya en las presidenciales y se achique el voto en blanco, como empieza a ocurrir en las predicciones para el 25 de mayo.

El desespero electoral termina, como ahora se ve, graficándoles horribles manchones éticos a los candidatos. Fue crecer el candidato Zuluaga en las encuestas y amenazar al ventajoso titular del gobierno en una segunda vuelta, para que le cayera el baldado de suciedad, que, de suyo, sugiere tener un hacker al servicio de la campaña. Así no se compruebe el daño, es un técnico de las interceptaciones a disposición, puesto en evidencia por los contrarios.

Esto ha tapado el escándalo de la contraparte, el de cuantiosísimas sumas de dinero, de aquellas que sólo manejan los llamados mágicos, que, se dice, fueron entregadas a asesores de Santos para negociar entregas a la justicia, así fueran tales sumas y tal propósito rechazados por éste; entre los asesores se discute quién recibió el dinero y quién no.

No hay duda de que esto, bien que mal, anima una campaña electoral, al unísono considerada sosa y aburrida. El chisme vende y si tiene bases ciertas, mejor. Ver a los grandes en la picota pública es diversión para el alma popular, para el llamado vulgo, que es el mismo que asistía multitudinariamente a la decapitación por guillotina de los reyes franceses (estilo Luis XVI, que en la modernidad se convirtió en un diseño de muebles).

Curiosamente no se acusa ante la justicia, sino, por la premura, se hace ante los medios, que fallan en forma inmediata y subliminal. En últimas se busca afectar de manera rápida la imagen del candidato acusado y mermar en consecuencia su bagaje electoral.

En el caso concreto de Óscar Iván Zuluaga, no se sabe si la animosidad con que se quiere sacar a Santos por su docilidad frente a los negociadores de La Habana y ante los socialistas del veintiuno, así como ante el fallo de La Haya, se amaine con las acusaciones que de contrafómeque le han armado a su adversario en ascenso. Estaría por verse.

La forma como se está reeligiendo Santos es tan fea como la que utilizó Uribe, mediante lo que llamó la Corte “un desvío de poder”. Ojalá la segunda vuelta no termine en un voto-finish similar al de Maduro y Capriles, que le discuta la legitimidad a quien quede en aparente ventaja.
 

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