El poderoso ayer

Lorenzo Madrigal
13 de agosto de 2018 – 12:00 a. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Se ha ido en medio de aplausos mediáticos el por otra parte derrotado presidente Juan Manuel Santos (no ganó elecciones plebiscitarias; no tuvo candidato sucesor y triunfó quien fuera opositor a su largo mandato).

Que no estuvimos con él, pero nos dio la paz, dicen unos; que su legado es impresionante; que puso fin a una guerra (guerra se le dice a lo que antes fue guerrilla y rebelión por 52 años). Aunque esto de los años varía, 60, 70, hasta llegar a una sola guerra, desde los mil días y la de 85. Con el Nobel, asegurado cuando el proceso pacificador iba en barrena, el indiscutido poder de Santos y los suyos llegó al culmen de su expresión, que data de los años 30 del siglo pasado.

Contaba el mandatario con medios de prensa de alta circulación, con televisión y radio al gusto, de modo que nada ni nadie pudiera replicarle a su poderoso enclave de poder. Él y los suyos han significado un largo y pacífico predominio, de algún modo democrático, que uno termina admirando.

Pero que un hombre de provincia, aguerrido político, triunfante en elecciones, llegue a presidir el Congreso de la República y tenga la tribuna exacta para despedir, a su manera negativa, la administración de Juan Manuel Santos, y lo haga osadamente, es el desacato mayor, el clarín de guerra, como una exaltada congresista lo ha llamado. Pero lo cierto es que lo ha hecho y lo ha hecho muy bien. No dudé en aplaudirlo. Aunque poco las uso para el aplauso, mis manos tienen una concavidad sonora, estupenda para las palmas. Buena esa, senador Macías, le faltaron sólo unos pocos temas como el de la pérdida del mar territorial en manos del dictador de Nicaragua, cuando teníamos derechos adquiridos y el clásico uti possidetis iuris, débilmente defendidos.

La izquierda hace opción por una paz (paz cubana), más política que real, y no opta por ella para reparar daños y víctimas causados por una facción en armas de su misma tendencia, sino porque le representa avances en la conquista del poder. Ella sí puede ser insultante y manifestarse el propio día de posesión, pero no, lo grave fue el senador Macías, quien ha debido acallar su cobro político, pues había embajadores, los que, como bien dijo el comentarista de un foro, ni siquiera entendieron los discursos por desconocer la lengua castellana.

Frente a la andanada de elogios al gobernante, quien llegó a ser, como en la devoción quiteña, el señor del gran poder, bien estuvo la relación de hechos negativos que brotaron del discurso del nuevo presidente del Congreso para dar posesión al nuevo presidente de la República.

***

Se pretende ahora que las banderas de la campaña ganadora se asordinen como ocurrió con el No del plebiscito, el que Santos convirtió ladinamente en un Sí, a su favor.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido